28 de Febrero

San Hilario I papa

Augusto Segovia
Mercabá, 28 febrero 2021

           Nació a principios del s. V en Cerdeña, permaneciendo su 1ª infancia y juventud en el más absoluto silencio histórico. Sí se sabe que accedió a las órdenes sagradas en la diócesis de Roma, siendo enviado por el papa León I al Latrocinio de Efeso (ca. 449) cuando todavía era diácono, en calidad de legado pontificio. Aquí se negó a firmar la deposición del patriarca de Constantinopla (San Flaviano) y, temiendo las iras de sus adversarios, partió ocultamente de allí, llevando consigo la apelación que Flaviano dirigía a León I (texto hallado en 1882 por Amelli, en la Biblioteca Capitular de Novara).

           Ya en Italia, el enviado Hilario escribió a la emperatriz de Constantinopla (Pulqueria) para informarle de lo ocurrido, y se olvida del asunto. Todavía diácono, despliega en la diócesis de Roma otra actividad muy distinta, de carácter litúrgico. Y encarga a un tal Victorio de Aquitania la composición de un Ciclo Pascual, donde intenta fijar la verdadera fecha de la Pascua, punto sobre el que aún no estaban de acuerdo griegos y latinos. El mismo Hilario estudió previamente la cuestión, pero para informarse de los escritos existentes se valió sólo de las traducciones latinas, pues conocía bien poco el griego. Por lo demás, el cómputo de Victorio fue ley en la Galia, hasta el s. VIII.

           Hilario sucedió a León I en la sede de Pedro, a finales de 461. Durante sus 7 años de pontificado no ocurrieron acontecimientos de gran importancia para la Iglesia universal, y el mérito del papa Hilario I consiste principalmente en la firme defensa de los derechos de la Iglesia, en materia de disciplina y jurisdicción.

           Al año escaso de su consagración como pastor supremo, tuvo que pedir informes Hilario I a Leoncio (arzobispo de Arles) sobre la usurpación del episcopado de Narbona, llevada a cabo por Hermes. Poco después, convoca un Concilio de Roma en el que, por el bien de la paz, consiente (junto al resto de obispos) dejar a Hermes en la sede de Narbona, pero sin el derecho de ordenar obispos (derecho que pasa a Constancio, prelado de Uzes).

           La resolución conciliar fue enviada el 3 diciembre 462 a los obispos de la Galia meridional, en una carta donde también se prescribe que, convocados por Leoncio, se reúnan cada año (a ser posible) todos los titulares de las provincias eclesiásticas a quienes se dirige el documento (Viena, Lyon, Narbona y Alpina). Y en la que se pide que, en tales asambleas, se examinen las costumbres y ordenaciones de obispos y eclesiásticos, por si es necesaria la intervención de Roma.

           Así mismo, tuvo que atender Hilario I al asunto del arzobispo de Viena (Mamerto), que había consagrado ilegalmente a Marcelo como obispo de Die. El papa, manteniendo los principios legales y renunciando a imponer penas (supuesta la sumisión del acusado), remite la cuestión a Leoncio, a quien pertenecía en este caso el derecho de consagrar.

           Abusos semejantes, cometidos en España, fueron considerados en el Concilio de Santa María la Mayor (ca. 465), en el que Hilario I congregó a 48 obispos y acordó exigir a la provincia de Tarragona que: 1º sin consentimiento del metropolitano tarraconense (Ascanio) no sea consagrado ningún obispo; 2º ningún prelado deje su propia sede y pase a otra; 3º Ireneo sea separado de la Iglesia de Barcelona y retorne a la suya; 4º ningún nuevo obispo presente, en adelante, irregularidades.

           Otro mérito de Hilario I fue el haber impedido la propaganda herética en Roma al macedoniano Filoteo, y esto a pesar del apoyo que encontró el hereje en el nuevo emperador de Occidente (Antemio). Tal rectitud de Hilario en lo tocante a la disciplina y a la fe, brota de lo que podríamos llamar norma de su vida y su gobierno:

"En pro de la universal concordia de los sacerdotes del Señor, procuraré que nadie se atreva a buscar su propio interés, sino que todos se esfuercen en promover la causa de Cristo" (Hilario I, Dilectioni Meae, I, 139).

           En cuanto a lo referente a la piedad personal y el fomento del culto, Hilario I edificó 2 oratorios en la Basílica de Letrán (el de San Juan Bautista y el de San Juan Apóstol) y otro más al noroeste de Letrán (dedicado a la Santa Cruz, y dotado con 8 capillas). Especial fue la devoción que Hilario I tuvo por San Juan Apóstol, pues a él atribuía haber salido vivo del Latrocinio de Efeso (en que había participado de diácono). Y por eso, en señal de gratitud, hizo grabar a la entrada de su oratorio la siguiente inscripción: "A su libertador, Juan Evangelista, Hilario obispo, siervo de Dios".

           A Hilario I atribuye el Liber Pontificalis la construcción de un servicio de altar completo, destinado a las misas estacionales y dotado con 1 cáliz de oro (para el papa), 25 cálices de plata (para los sacerdotes que celebraban con él), 25 grandes vasos (para recibir las oblaciones de vino, presentadas por los fieles) y 50 cálices ministeriales (para distribuir la comunión). El servicio de cálices se depositaba en la Basílica de Letrán, y el día de la estación se transportaba a la iglesia donde iba a celebrarse la asamblea litúrgica. También mandó edificar Hilario I el Monasterio de San Lorenzo, y cerca de él una casa de campo (probablemente residencia papal) dotada con 2 bibliotecas.

           Finalmente, murió Hilario I el 9 febrero 468, siendo enterrado en la Basílica de San Lorenzo Extramuros. Largo tiempo después pasó a celebrarse su aniversario el 10 de septiembre (conforme a ciertos manuscritos jeronimianos), hasta que la edición de 1922 del Martirologio Romano trasladó su memoria al 28 de febrero.