29 de Enero

Beato Manuel de Tortosa

Juan Hernansanz
Mercabá, 29 enero 2023

           Nació en 1836 en Tortosa (Tarragona), hijo de Francisco Domingo y Josefa Sol. Era el penúltimo de 12 hermanos, y fue bautizado al día siguiente de nacer. Aunque ambos padres eran cristianos, fue la madre la encargada de sembrar en el corazón de Manuel una piedad sincera, y una caridad inagotable. Daba limosnas a cuantos lo necesitaban, y hasta tenía encargado en una tienda que a cierta señora, muy necesitada, le dieran cuanto pidiera, y ella pagaría todo.

           Su hijo Manuel aprendió todo esto muy bien, y siempre lo recordará. De hecho, quiso ir al sacerdocio en la pobreza más absoluta. Como él mismo decía, "procuraré en las festividades principales, y con la anuencia de mi director, quedarme sin nada" (Escritos, III, VI, 110). Y se convirtió en un gran limosnero. De hecho, estando él en casa, no estaba segura su hermana María de que tuviese la comida dispuesta (pues, al menor descuido, se la daba a los pobres).

           Cursó los estudios de latín y humanidades en el Colegio San Matías de Tortosa, bajo la férula del Dómine Sena, que "llevaba a rajatabla aquello de la letra con sangre entra". A los 15 años ingresó en el Seminario de Tortosa (ca. 1851), y allí cursó 3 años de filosofía, 7 años de teología y 1 de derecho.

           Recibió la tonsura en Tortosa (26 marzo 1852), las órdenes menores en Tarragona (18 diciembre 1857), el subdiaconado en Tarragona (19 diciembre 1857), el diaconado en Vic (24 septiembre 1859) y el presbiterado en Tortosa (2 junio 1860).

           Su 1º cargo como sacerdote fue la regencia de la Aldea, entonces barrio de Tortosa. En muy poco tiempo, Manuel se ganó totalmente el corazón de sus feligreses. A los 6 meses lo nombraron ecónomo de la Parroquia Santiago de Tortosa, y allí trabajó lo indecible, con enorme celo apostólico y cumpliendo a rajatabla lo que después enseñaría a sus seminaristas: "La ocupación de un sacerdote es asediar a las almas" (Escritos, I, LXXIX, 43).

           El obispo de Tortosa, mons. Vilamitjana, se fijó en él para encomendarle el apostolado de la juventud tortosina, y con ese propósito lo envió a Valencia para que obtuviera la formación suficiente, y así obtener a su vuelta la cátedra de Religión y Moral en el Instituto de Tortosa. En la Universidad de Valencia obtuvo la licenciatura (6 mayo 1863) y el doctorado (26 febrero 1867), así como poco después la licenciatura en Artes por la Universidad de Barcelona.

           El 1 octubre 1863 fue nombrado auxiliar de cátedra, y el 5 febrero 1864 fue nombrado catedrático. Además, fue elegido secretario del Instituto de Tortosa. No se equivocó, pues, Vilamitjana, porque mosén Sol trabajó denodadamente por y con la juventud. Actuó en el instituto hasta septiembre de 1868, cuando la Revolución Liberal suprimió la enseñanza religiosa en los centros oficiales de España.

           Pero sus alumnos pidieron a mosén Sol que los siguiera atendiendo, y éste empezó a inventar nuevas formas de apostolado. A ese efecto, creó las Escuelas Nocturnas para obreros y artesanos, y difundió por toda la diócesis numerosos Círculos Católicos y Círculos Obreros.

           En 1880 fue nombrado director de la Congregación de San Luis, e inmediatamente fundó una revista (órgano de las congregaciones) que animase y pusiera en comunicación a muchos jóvenes que, por vivir en pueblos pequeños, se sentían aislados. El 1º número vio la luz en diciembre de 1881, se titulaba El Congregante y fue la 1ª revista que aparecía en España destinada a dichas congregaciones juveniles.

           Compró, además, un terreno en el ensanche del Temple (en Tortosa), donde edificó un gimnasio para los jóvenes, con capilla, biblioteca, salas de recreo y campo libre. Nunca abandonó el apostolado con la juventud y lo legó como uno de sus principales cometidos a la hermandad. Podía decir con toda sinceridad: "La juventud es mi ideal" (Escritos, I, VIII, 147). Y es que, desde seminarista, en los últimos meses, trabajó mucho en la catequesis y ya entonces decía: "Me ocuparé siempre y todos los días de mi vida de esta obra: ser amigo y padre de la juventud" (Escritos, I, XII, 34).

           Fue interminable su apostolado. Trabajó mucho en el apostolado de la prensa; primero colaborando con su gran amigo San Enrique de Ossó en el semanario Amigo del Pueblo; después, por su cuenta y riesgo, establece mosén Sol una biblioteca popular, una librería católica e intentó crear una asociación para divulgar la Biblia.

           Extendió por toda la diócesis el Apostolado de la Oración y la Adoración Nocturna. También estableció la asociación de Camareras del Santísimo, y en el pueblo de San Mateo fundó una escuela que llegó a contar con 300 alumnas. De igual manera, fue muy importante su apostolado con las religiosas. Suscitaba vocaciones incansablemente y atendía a las que habían profesado. Del confesionario de mosén Sol salieron multitud de vocaciones y eso le dio merecida fama.

           Pero don Manuel no estaba satisfecho, pues decía: "En el fondo de nuestra alma despertaban mayores aspiraciones y una ambición santa parecía querernos lanzar al mismo tiempo a todos los campos" (Escritos, I, V, 221). Y Dios colmó su santa ambición de modo muy sencillo una tarde de febrero de 1872, cuando se encontró con el seminarista Carceller, que le contó todas las miserias que padecía: vivía en una buhardilla, comía de limosnas y ni siquiera podía comprar una vela para estudiar por las noches.

           Y como él había otros muchos. Manuel vio claro y para siempre que dar pan y formación y cariño, ilusión y formación sacerdotal a los aspirantes al sacerdocio era lo suyo, e inmediatamente alquiló una casa para acoger y formar a seminaristas pobres.

           Cada año aumentaba el número de alumnos y tenía que buscar más casas, hasta que en el curso 1872-1873 edificó en Tortosa el Colegio de San José para la formación de seminaristas diocesanos. Pero veía que los esfuerzos individuales no dan garantía de continuidad. Mueren con el hombre.

           El 29 enero 1883, después de celebrar la misa, y durante la acción de gracias, le vino la inspiración de una "pía unión de sacerdotes que, libres de otros cargos y empleos, se dedicaran al fomento, sostenimiento y formación de las vocaciones eclesiásticas" (Escritos, III, 2). El 4 mayo 1883 se lo expuso a su obispo de Tortosa, a quien envió las bases el día 8, y el obispo las aprobó.

           Del 16 al 19 de julio de ese año Manuel se reunió con un pequeño grupo de sacerdotes de su diócesis, en el Convento de los Carmelitas del Desierto de las Palmas, hoy provincia de Castellón. Y allí comenzó la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús.

           A semejanza del Colegio San José de Tortosa, mosén Sol fue levantando otros en las diócesis de Valencia, Murcia, Orihuela, Toledo, Almería, Plasencia y Lisboa. El año 1892 fundó el Colegio Español de Roma, para la formación de seminaristas de todas las diócesis de España. Los obispos le apremiaban para que la Hermandad se hiciera cargo de la dirección de sus propios seminarios.

           Y así lo fue haciendo hasta su muerte, asumiendo sucesivamente los seminarios de Astorga, Toledo, Zaragoza, Sigüenza, Cuenca, Badajoz, Baeza, Jaén, Málaga, Ciudad Real, Barcelona, Segovia, Almería y Tarragona. Para la intercomunicación de los seminarios y colegios diocesanos de vocaciones fundó la revista el Correo Josefino.

           Y no sólo le pedían dirigir seminarios desde España, sino también desde América. Ya había aceptado un colegio en Portugal. Le urgen desde Brasil, desde Colombia. Desde Bolivia, el año 1900, le ofrecen el Seminario de Santa Cruz, y todos los seminarios de la República Boliviana.

           El obispo de Chilapa (México) viajó a España en 1898 para hablar directamente con mosén Sol. El 8 de marzo de ese mismo año escribe a Miñana: "Mucho me ilusiona la empresa de América por lo que oigo decir de la falta de clero allí".

           A Chilapa envió Manuel a los primeros operarios (que viajaron a México ese mismo año), y al siguiente se hicieron cargo también del Templo Nacional Expiatorio de San Felipe, en la capital. Algo que a Domingo y Sol le satisfacía porque deseaba muchísimo fundar templos de reparación. Luego la hermandad se hizo cargo de los seminarios de Puebla de los Angeles, de Cuernavaca y Querétaro.

           Deseaba a toda costa levantar un templo de reparación en Tortosa, porque la nota más característica de su espiritualidad era el espíritu de reparación a Jesús Sacramentado, y quería que fuera "un carácter permanente, visible y que se incrustara en los operarios" (Escritos, II, 6). El 22 noviembre 1903, después de vencer muchas dificultades, tuvo lugar la inauguración del templo.

           El 25 enero 1909 murió lleno de méritos y proyectos. No pudo estar en la inauguración de su templo de reparación por encontrarse ya bastante enfermo; pero el 21 abril 1926 sus restos mortales fueron trasladados al mausoleo edificado en el templo, para que allí estuviera como en una adoración perpetua.

           El 13 noviembre 1930 comenzó en Tortosa el proceso ordinario de canonización, que se clausuró el 22 septiembre 1934. El 4 mayo 1970 se declararon las virtudes heroicas de mosén Sol, donde se dice de él:

"Puesto que en el fomento de las vocaciones sacerdotales, incluso en las circunstancias dificilísimas de su tiempo, no dejó nada por intentar, puede ser llamado con toda razón el santo apóstol de las vocaciones sacerdotales" (AAS, LXIII, 156).

           Para llegar a la beatificación hacía falta un milagro. Y el milagro llegó desde Caracas. En las diversas votaciones que se realizaron entre los médicos nunca hubo un solo voto discordante. El 29 marzo 1987, Juan Pablo II beatificó a Manuel Domingo y Sol, en la Basílica San Pedro de Roma.