3 de Agosto

Santa Lidia de Tiatira

Consuelo Lozano
Mercabá, 3 agosto 2022

           Fue la 1ª europea en convertirse al cristianismo y ser bautizada por el propio apóstol Pablo, en las estribaciones que iban de la ciudad de Filipos (Macedonia) hacia la montaña.

           Nació en Tiatira (Asia Menor), al sureste de Pérgamo y en uno de los mayores núcleos de cultura griega en la Jonia. Y desde joven se había introducido en el mundo liberal del comercio de la púrpura (exclusivo de la cultura griega, en el caso de una mujer), basado en la elaboración del tinte (extraído de los moluscos) y posterior compra-venta de las telas teñidas de color.

           Un mercadeo que le permitió un alto grado de autonomía económica y vida solvente, viajando de un lugar para otro e incluso permitiéndose invitar a hombres extranjeros a su casa (sin el consentimiento marital, como se verá a la llegada de Pablo y sus compañeros a la ciudad).

           En efecto, llegada la primavera del año 51, Lidia se encontraba en la ciudad de Filipos, en la que vivía con su propia familia (marido e hijos), sus propias amigas (con las que iba a rezar a las afueras de la ciudad, a un cristalino río de montaña) y su negocio del tejido. Y fue aquí donde surgió el momento que cambió su vida, pues por allí pasó un grupo de judíos predicando un nuevo evangelio, que tras desembarcar en el Puerto de Neápolis (a 16 km) había atravesado el monte Pangeo por la Vía Egnacia, hasta llegar a la ciudad.

           Con altas rentas originadas por las minas de oro, Filipos era una ciudad fuertemente romanizada, de carácter noble, sincero y afectuoso. Y su población era totalmente pagana (greco-romana), dada a las reuniones religiosas junto al río (abluciones rituales).

           Efectivamente, el 1º sábado tras su llegada, el apóstol San Pablo salió a las afueras de la ciudad por la Puerta Norte, y por la orilla del río empezó a buscar un sitio apropiado para orar. Allí se había sentado el apóstol, cuando al poco se percata de que un grupo de mujeres empezó a concurrir a aquel lugar, picoteadas por la curiosidad del personaje y de lo que hacía allí, en su territorio. Entonces Pablo aprovechó entusiasmado aquella oportunidad, y empezó a dirigirse a ellas y a anunciarles la Buena Nueva.

           Una de aquellas curiosas mujeres era Lidia, que empezó a escuchar atónita las palabras del apóstol, y que sin vacilar siquiera se se adhirió a todo lo que decía. Efectivamente, "el Señor abrió el corazón de Lidia" (dice Hechos de los Apóstoles), que se convirtió e hizo bautizar por Pablo en aquel mismo momento y lugar.

           Poco después, la negocianta Lidia obligó a Pablo a bautizar a su familia, y a Silas y Lucas (que acompañaban a Pablo) les obligó a alojarse en su casa, dando alojamiento también al propio Pablo:

           —Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa, les suplicó Lidia.

           De esta manera, la casa de Lidia se convirtió en centro de la Iglesia de Filipos durante la estancia de Pablo en Filipos (ca. 51). Más tarde, los hermanos filipenses (con Lidia a la cabeza) lograron que Pablo aceptase una donación material para que socorriera con ella al resto de comunidades cristianas.

           No pudo tributar nunca el apóstol Pablo aquel homenaje tan válido y caritativo que había recibido de Filipos y de Lidia. Pero sí que pudo llevarla en su alma como su discípula predilecta, "su gozo y su corona" (como él mismo reconocería, en su Carta a los Filipenses).