3 de Marzo

Santa Catalina Drexel

Consuelo Lozano
Mercabá, 3 marzo 2026

Semblanza

         El 1 octubre 2000 fue una jornada histórica que reflejó para el mundo la catolicidad de la Iglesia. En ella, Juan Pablo II canonizaba a 120 mártires de China, a una africana (Josefina Bakhita) y a una norteamericana (Catalina Drexel). Sobre ésta última, describió bellamente el papa Juan Pablo II en su homilía:

"La madre Catalina María Drexel nació en una familia acomodada de Filadelfia, en los Estados Unidos. Pero aprendió de sus padres que los bienes familiares no eran sólo para ellos, sino que debían compartirlos con los menos favorecidos por la fortuna. Cuando ya era joven, quedó profundamente impresionada por la pobreza y la condición desesperada de muchos nativos americanos y afroamericanos. Y entonces comenzó a destinar sus bienes a tareas misionales y educativas entre las capas más pobres de la sociedad. Más tarde vio que se necesitaba más, y con increíble valentía y confianza en la gracia de Dios, decidió no dar sólo sus bienes, sino dar su vida entera al servicio total de Dios.

A su comunidad religiosa, la de las Hermanas del Santísimo Sacramento, le enseñó una espiritualidad basada en la unión orante con el Señor en la Eucaristía, y en un servicio alegre a los pobres y a las víctimas de la discriminación racial. Su apostolado contribuyó a crear una mayor conciencia de la necesidad de combatir toda forma de racismo mediante la educación y los servicios sociales. Catalina Drexel constituye un excelente ejemplo de esa caridad práctica y de solidaridad generosa para con los menos afortunados, que desde hace mucho tiempo ha sido el signo distintivo de los católicos estadounidenses".

         Nació en 1858 en Filadelfia (Pensilvania), hija del rico banquero Francisco Drexel. Cuando contaba un mes de vida, perdió Catalina a su madre, y poco después su padre contrajo segundas nupcias con Emma Bouvier, que hizo de verdadera madre de Catalina.

         La familia era rica, pero el dinero no era su mayor riqueza. Por encima de los bienes materiales, en aquella casa estaba la religión católica y la caridad cristiana. De hecho, Francisco Drexel presidía varias instituciones sociales católicas a favor de los pobres. Y el apelativo de matrona de bondad, que la gente dedicó a Emma Bouvier, define bien el talante de la que, más que madrastra con toda la carga negativa de la palabra, fue madre y maestra de Catalina.

         Emma abandonaba con frecuencia la alta sociedad para acudir a socorrer a los marginados en sus barracones de los suburbios. Y Catalina, como sus dos hermanas, que acompañaban a Emma en sus visitas a los pobres, conocieron así la miseria en que vivían hombres, mujeres y niños, y aprendieron el significado de las palabras de Jesús: Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos pequeños, conmigo lo hicisteis. Las obras de caridad, junto con la enseñanza de la religión, serán las 2 constantes en la vida de Catalina.

         La vida de piedad, la frecuencia de los sacramentos y el ejercicio de la caridad ayudaron decididamente a que Catalina hiciera grandes progresos en su vida espiritual. Vivía en la abundancia, y no es fácil renunciar a un alto nivel de vida para abrazar otro género de vida más pobre y austero.

         A la joven Catalina le parecía lo más normal, a la vista del estilo de vida que Jesús eligió para sí y para su familia de Nazaret. Y comunicó a su director espiritual, padre O'Connor, su intención de consagrarse a Dios en la vida religiosa. El padre O'Connor, calibrando las dificultades que aquella decisión podrían ofrecer a la joven, le sugirió la conveniencia de permanecer en el mundo: fuera del convento también podría hacer muchísimo bien a los más necesitados, y ayudar mucho a las misiones de indios y negros, que tanto le preocupaban.

         Catalina, en principio, obedeció a su director espiritual. Por el momento continuaría viviendo fuera del convento, pero estaba tan segura de que, antes o después, se consagraría plenamente a Dios, que hizo voto de virginidad.

         De este modo garantizaba la consagración de su vida a Dios y aseguraba su dedicación plena a los pobres y marginados. De momento, había descubierto que, además de alimentos y vestido, los indios y los negros tenían una apremiante necesidad para salir de su situación marginal: la formación integral. Y Catalina no dudó en poner remedio, abriendo docenas de escuelas.

         La joven estaba contenta con aquella obra educadora que había puesto en marcha. Pero no bastaba con construir las escuelas, y hacían falta maestros y educadores en la fe católica. Y, con esa inquietud solicitó audiencia a León XIII. Fue a Roma y pidió al papa que enviara misioneros católicos a Estados Unidos. El gran papa de la Rerum Novarum, tan sensible a los problemas sociales de su tiempo, escuchó complacido las inquietudes de aquella joven americana. Y su respuesta, la que en aquel momento pudo darle, fue ésta: "Usted puede ser misionera".

         Para Catalina, la voz del papa era la mejor pista para conocer el camino que Dios le señalaba. Ella iba a ser misionera. Y a su regreso a Filadelfia, solicitó el ingreso en las Hermanas de la Misericordia de Pittsburgh, pues por encima de su director espiritual, estaba la autoridad del papa. Y en 1899, a sus 31 años, inició su año de noviciado.

         No llegaron a 2 años los que Catalina permaneció en las Hermanas de la Misericordia. El 12 febrero 1891, acompañada de algunas hermanas que compartían sus mismas inquietudes, iniciaba lo que llegaría a ser una nueva congregación religiosa. El nombre original es la mejor síntesis de lo que desde muy joven había sentido Catalina Drexel: Hermanas del Santísimo Sacramento para los Indios y los Negros.

         Como en tantas ocasiones en la historia de la Iglesia, intentaba compaginar Drexel la contemplación (en su caso, concretado en la adoración al Santísimo Sacramento) con la acción (dirigida especialmente a los indios y negros de Estados Unidos).

         El proyecto fundacional fue bien acogido, en principio, por las autoridades eclesiásticas de Filadelfia, y por la Santa Sede cuando acababan de cumplirse los 6 años de la fecha fundacional (el 16 febrero 1897.) El Decretum Laudis de Roma era la inicial aceptación oficial. Luego debería presentar el libro de las Constituciones para su aprobación (que fue en 1907), y finalmente esperar la aprobación definitiva por la Iglesia de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento para los Indios y Negros (que ocurrió el 25 mayo 1913).

         La madre Catalina sabía muy bien que se encontraba en un país de misión, en el que miles de indígenas y de negros permanecían alejados de la mesa común del pan y de la cultura. Y para ellos fundó su congregación.

         Como era de esperar, a la muerte de su padre fue mucha la parte de herencia que le correspondió. Y todo lo dedicó a continuar (ahora de un modo estable y comunitario, y contando con maestras y catequistas) la obra de su juventud: la fundación de 60 colegios, 3 casas de asistencia social y 1 centro misional.

         Pero los niños crecían y no siempre podían continuar su educación en las universidades estatales de aquel tiempo. Por lo que surgía para Catalina una nueva necesidad, y con ello una nueva respuesta: la Universidad Xavier de Nueva Orleans, que Catalina Drexel fundó para la formación superior de jóvenes negros, marginados por el color de su piel.

         Durante 46 años, la madre Catalina gobernó la Congregación, manteniendo encendido el fuego sagrado del carisma fundacional, y procuró visitar y estar al corriente del funcionamiento de todos y cada uno de sus colegios e instituciones.

         A sus 79 años ya podía pasar el testigo a otras manos. En 1937, renunció Catalina al gobierno de la Congregación y determinó dedicarse más a lo que tanto deseaba y no siempre pudo dedicar todo el tiempo que hubiera querido: la oración, la contemplación y la adoración al Santísimo Sacramento, de donde había sacado cada día las fuerzas necesarias para las grandes empresas que llevó a cabo.

         En una intensa vida de oración, esperó vigilante Drexel la llegada del Señor, para entrar con él a las bodas eternas. Lo cual ocurrió el 3 marzo 1955. Catalina tenía 96 años de edad, y dejaba atrás una larga vida de oración y contemplación.

         El 20 noviembre 1988 fue beatificada por Juan Pablo II, y el 1 octubre 2000 subida a los altares, como ejemplo de "santa norteamericana que defendió los derechos de los indios y de los negros". Para el hombre del s. XXI queda así el mensaje de una santa del s. XX: la implicación del amor cristiano en la superación del racismo y la xenofobia.

 Act: 03/03/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A