6 de Agosto

Mártires de Cardeña

Demetrio Mansilla
Mercabá, 6 agosto 2022

           A 12 km de Burgos se levanta el Monasterio San Pedro de Cardeña, del s. V. Como es corriente en las fundaciones benedictinas, el cenobio está emplazado en un valle fértil y productivo, pedregoso y levemente ondulado. Desconocemos la suerte del monasterio en el momento de la invasión musulmana (s. VIII), pero al repoblar la región de Cardeña el rey Alfonso III de León (s. IX), vemos convertido el monasterio en un centro de laboriosidad y vida religiosa, según norma de las abadías benedictinas.

           Las reliquias de Santa Eufemia, que se veneraban en dicho monasterio, sirvieron de gran fervor religioso, y de medio de atracción para que muchas familias cristianas acudieran a repoblar aquellas tierras, al amparo del monasterio. No obstante, eso no significaba quedar exentos de las incursiones musulmanas, que a partir del s. X van a empezar a producirse.

           En efecto, apenas subió al trono de León Ordoño III de León (ca. 951), éste se vio envuelto en una guerra contra su hermano Sancho, pretendiente al trono y favorecido por García I de Navarra y el conde castellano Fernán González (que marcharon con sus ejércitos sobre la ciudad de León). Las huestes de Abderramán I de Córdoba aprovecharon estas discordias de los reinos cristianos de la España Norte, obteniendo fáciles y sonadas victorias en los años 951 y 952.

           Los brillantes triunfos obtenidos por los ejércitos de Abderramán I movieron a aquéllos a repetir el ataque al año siguiente, confiados en el éxito mientras duraran las desavenencias entre el rey de León y el conde de Castilla. Precisamente en el momento en que Ordoño III se preparaba a ir contra Fernán González, Ahmed ben-Yala (calí de Badajoz) y el terrible Gálib (calí de Medinaceli) planearon un ataque simultáneo por tierra a León y Castilla, en el verano del año 953.

           El conde Fernán González intentó hacer las paces con el rey de León (según lo atestiguan el Tudense y Jiménez de Rada), pero la decisión llegaba tarde. Gálib avanzó sobre San Esteban de Gormaz, se apoderó de su fortaleza y, siguiendo la vía romana que iba de Clunia a Burgos, asoló los territorios que encontró a su paso. Tras lo cual se internó por Cerros de Lara hasta Palazuelos de la Sierra, bajando después por Santa Cruz de Juarros hasta llegar a Burgos.

           Al oriente de la ciudad burgalesa estaba el Monasterio de Cardeña, rico por las frecuentes donaciones de monarcas y fieles, y floreciente por los 200 monjes que allí rezaban, estudiaban y trabajaban bajo la mirada vigilante de su abad Esteban. El venerando cenobio ofrecía ocasión propicia a la soldadesca mora para satisfacer su desenfrenada codicia de riquezas, y apagar su insaciable sed de sangre cristiana.

           Según reza una inscripción de la 2ª mitad del s. XIII, con un laconismo propio de crónica medieval, el 6 de agosto llegó el ejército árabe a San Pedro de Cardeña, saqueó el monasterio y consumó la horrible matanza de sus 200 monjes. La Crónica General de Alfonso X el Sabio confirma también el hecho, y asegura que sus cuerpos fueron soterrados en el claustro, perpetuando así la memoria de los héroes de Cristo.

           El general árabe Gálib expidió rápidamente a Córdoba un correo anunciador de los triunfos que había conseguido sobre los cristianos, y poco después enviaba un convoy con abundante botín (de cruces, cálices, campanas...), que los musulmanes cordobeses recibieron con grandes muestras de satisfacción y alegría.

           Ruinas y soledad interrumpieron por unos años la vida del asolado monasterio. Pero la sangre de tan crecido número de mártires no podía ser infructuosa ni estéril, y la vida del martirizado cenobio surgió pujante poco después, merced al conde Garci Fernández, restaurador y mecenas del Monasterio de Cardeña.

           Tanto la Crónica General como el Martirologio Antiguo de Cardeña, y una memoria antigua conservada todavía en Oña en el s. XV (según Argaiz), atribuyen la restauración del monasterio al conde Garci Fernández, y esta unánime coincidencia es una prueba más de que el martirio de los 200 benedictinos de Cardeña tuvo lugar en el s. X.

           La memoria de los 200 héroes de Cardeña degollados por los alfanjes musulmanes tenía que recibir pronto la veneración y el homenaje de los fieles y de sus hermanos en religión. El Señor, por su parte, quiso también honrar a sus santos con el maravilloso prodigio de ver teñido de color de sangre el pavimento del claustro todos los años el día 6 de agosto (aniversario del martirio) y en el lugar donde, según la tradición, habían sido martirizados.

           El milagro se vino repitiendo todos los años hasta los tiempos de Enrique IV de Castilla (s. XV), cuando faltaba poco tiempo para que los árabes fueran expulsados de España. El hecho lo deja insinuar la Crónica de Alfonso X (ca. 1250), cuando nos dice que "faz Dios por ellos muchos milagros". Y en el voluminoso libro del dominico Alfonso Chacón, De martyrio ducentorum monachorum sancti Petri a Cardegna (de 1594), como preparación para la canonización.

           Por sus 200 mártires, y por los beneficios y gracias conseguidos a través de su intercesión, el Monasterio de Cardeña quedó convertido en centro de peregrinación nacional. Allí acudieron reyes como Enrique IV de Castilla (ca. 1473), Isabel la Católica (ca. 1496), Felipe II de España (ca. 1592), Felipe III de España (ca. 1605) y Carlos II de España (ca. 1677). Y allí se congregaban en ininterrumpidas caravanas fieles de los pueblos y comarcas de Castilla, atraídos por la fama de sus milagros y por el magnífico ejemplo de su vida inmolada y sacrificada en defensa de la fe cristiana.

           A finales del s. XVI, se quiso dar cauce oficial y litúrgico al culto tradicional de los mártires de Cardeña. Y ssu causa encontró favorable acogida en la Sagrada Congregación de Ritos. Clemente VIII autorizó el culto por breve pontificio del 11 enero 1603, y el Monasterio de Cardeña se preparó a celebrar tan fausto acontecimiento con una hermosa Capilla a los Santos Mártires, y con una serie de actos y solemnidades religiosas que duraron más de una semana.

           Con la canonización oficial y solemne su fiesta trascendió a muchos pueblos de Burgos, que se apresuraron a conseguir reliquias para su veneración. Su culto traspasó las fronteras de Castilla, y las reliquias fueron solicitadas por las catedrales de Compostela, León, Palencia, Osma, Badajoz, Santander, Canarias y México.

           El recuerdo del Cid Campeador (cuya familia se enterró allí, junto a su espada y caballo) aumentó la fama universal del Monasterio San Pedro de Cardeña, pero lo realmente importante de su interior fue el martirio de sus 200 monjes benedictinos, según palabras del poeta Prudencio.