8 de Abril

San Dionisio de Corinto

Consuelo Lozano
Mercabá, 8 abril 2021

           Pertenece a las primeras generaciones de cristianos, como uno de los primitivos eslabones de la larga cadena que fue componiendo la Iglesia, hasta el fin de los tiempos. Y a ese puñado de hombres y mujeres echados al mundo, que en la primitiva Iglesia fueron desparramándose por el orbe y sembrando la semilla del evangelio.

           Eusebio de Cesarea nos relata algo de la actividad de Dionisio en su Historia Eclesiástica, como uno de los grandes hombres que contribuyeron a extender por el mundo el evangelio. En cuanto a los Menologios griegos, éstos dan cuenta de su condición episcopal, al incluirlo en sus listas de obispos y al mencionar su óbito el año 180. 

           Dionisio fue un obispo (de Corinto) que destacó por su celo apostólico, y una esmerada preocupación ordinaria por el gobierno de su grey. Rebasaba los límites geográficos del terruño en donde vivían sus fieles, y se volcaba allá donde había una necesidad que pudiese ser aliviada o encauzada. En su vida resuena, pues, el eco y preocupación por todas las iglesias de su predecesor San Pablo.

           Y es que en el pasado la organización eclesiástica no entendía de intromisiones o límites circunvecinos, y la acción pastoral era aceptada como buena en cualquier terreno en donde había cristianos. Y en ese sentido, el obispo Dionisio pensaba que "si se puede hacer el bien, es pecado no hacerlo". Él aprovechó todas las energías disponibles, porque eran "pocos los brazos y extenso el campo de labranza", así como "corto el tiempo". Y siendo tan amplia la labor por hacer, el estilo que debía imperar era la atención espiritual a los fieles, donde quiera que se encontrasen, sin cortapisas temporales ni jurisdicciones territoriales. Él se siente responsable de todos, porque "todos sirven al mismo Señor y tienen el mismo Dueño".

           Los discípulos de Corinto se trataban mucho entre ellos, traían y llevaban noticias de unos y de otros, se encontraban muchas veces inquietos, se ocupaban en la suerte del misterio, y estaban dispuestos a darlo todo. Las dificultades eran muchas, lentas y hasta peligrosas, pero como les repetía su obispo Dionisio, "por las vías van los carros y por los mares los veleros", y "lo que sirve para la guerra, el cristiano lo usa para extender el Reino". La diócesis de Corinto, bajo su obispo Dionisio, se sabía una familia numerosa, esparcida por el universo. Y supo compartir sus intereses, ante las adversas dificultades de tantas ocasiones.

           En esta altura de miras, tuvo mucho que ver Corinto se había convertido, en este s. II d.C, en la ciudad más rica y próspera de Grecia, aunque no llegara al prestigio intelectual de Atenas. Había sido también aquella iglesia que había fundado San Pablo, y que con tanto esmero había atendido, vigilado, guiado y alentado. Disponía también de una situación geográfica privilegiada, como ciudad con 2 puertos e importante nudo de comunicaciones, que mezclaba el saber griego con el comercio latino y la riqueza oriental. Allí vivían hermanadas la grandeza y el vicio, la avaricia y la trampa, la insidia y el desconcierto. Y todas las razas tenían sitio, fuesen del color que fuesen, junto con los esclavos y sus dueños. El barullo de los mercados era permanente en sus puertos, y en ellos se intercambiaba todo tipo de cultura y pensamiento.

           Entre los miles que iban y venían, los cristianos se acercan a Dionisio para contarle las noticias y nuevas de cualquier parte del Imperio Romano. Y ¡cómo aprovechó Dionisio estas posibilidades!, sobre todo a nivel de propaganda epistolar. Porque, que se tengan noticias, envió Dionisio cartas a los cristianos de Lacedemonia (instruyéndoles en la fe, y exhortándoles a la concordia y la paz), Atenas (estimulándoles a no decaer en su fe), Nicomedia (para impugnar muy eruditamente la herejía de Marción) y Creta (a los que enseña una estrategia contra los herejes que difunden el error).

           En su Carta al Ponto expone Dionisio a los bautizados enseñanzas sobre las Escrituras, les aclara la doctrina sobre la castidad y la grandeza del matrimonio. También anima a ser generosos con aquellos pecadores que, arrepentidos, quieran volver desde el pecado. Igualmente, en su Carta a Roma (en tiempos de Sotero I) elogia los notables gestos de caridad que tienen los romanos con los pobres, y testifica su personal veneración a los Vicarios de Cristo.

           La vida de este obispo corintio, incansable articulista, terminó el 8 abril 178. Sin moverse de Corinto, ejerció un fecundo apostolado epistolar que no conoció fronteras. El papel, la pluma y el mar Mediterráneo fueron sus cómplices generosos, junto a sus hermanos y feligreses corintios, en la difusión de la fe.