8 de Julio

Santos Áquila y Priscila

José Ramón Flecha
Mercabá, 8 julio 2024

         Fue un matrimonio judío procedente del Ponto (Mar Negro), que se había trasladado a vivir a Roma y que allí había abrazado la fe cristiana, posiblemente de las manos de Pedro. Hasta que llegó el Edicto anti-Judío del emperador Claudio (ca. 49) y se vio forzado a salir de la capital imperial, junto al resto de judíos allí presentes.

         Tras aquella emigración forzada, el matrimonio se instaló en Corinto y allí abrió una tienda de tiendas de campaña, que ellos mismos tejían y fabricaban. Hasta que allí llegó Pablo en el curso de su 2º viaje misionero, conoció al matrimonio y, tras una cordial invitación, se instaló en su casa, durante su 1ª estancia en Corinto:

"Después de esto marchó de Atenas y llegó a Corinto. Se encontró con un judío llamado Áquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia, y con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma; se llegó a ellos y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. El oficio de ellos era fabricar tiendas" (Hch 18, 1-3).

         El texto nos dice que aquella hospitalidad de Áquila y Priscila fue la clave para que Pablo pudiese anunciar el evangelio en la sinagoga de los judíos. No obstante, ante el rechazo de los judíos a Pablo, éste se fue a vivir a casa de Justo, tal vez para evitar problemas a su matrimonio amigo. Anunciando el evangelio a los ciudadanos griegos, formó allí Pablo una gran comunidad cristiana, en aquella Corinto que tantas alegrías y preocupaciones habría de ocasionarle.

         Pasado un año y medio, Pablo decidió embarcarse en el puerto de Cencreas, para volver a Antioquía de Siria. Y con él decidieron también viajar Priscila y Áquila, pues por el negocio debían abrir otra tienda en Éfeso. Al llegar el barco a Éfeso, Pablo aprovechó la escala (de varios días) para ir a la sinagoga y exponer su doctrina a los judíos. La comunidad cristiana de Éfeso (ya existente, desde años atrás) le rogó que se quedase allí y no volviera a embarcarse, pero Pablo se despidió de ellos diciéndoles: "Volveré a vosotros otra vez, si Dios quiere". Y embarcándose, marchó hacia Antioquía (Hch 18, 18-21).

         En Éfeso se quedaron Áquila y Priscila, y su casa se convirtió inmediatamente en el lugar de acogida y encuentro para la comunidad cristiana. Por lo que se ve, tanto en Éfeso como en Corinto, el matrimonio no sólo se ocupaban de su oficio y sus negocios, sino también de la transmisión de la fe.

         Su encuentro con el carismático Apolo fue toda una parábola de la misión evangelizadora de los laicos, como hoy se diría. Porque gracias a las catequesis que le ofrecieron Áquila y Priscila, Apolo pasó de ser un admirador del Jesús humano a un evangelizador del Jesucristo Dops. Así lo cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles:

"Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente y que dominaba las Escrituras, llegó a Éfeso. Había sido instruido en el camino del Señor, y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba con todo esmero lo referente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Al oírle Áquila y Priscila, le tomaron consigo y le expusieron más exactamente el camino. Y cuando Apolo quiso pasar a Corinto, escribieron a los hermanos de Corinto para que le recibieran con todo ánimo" (Hch 18, 24-28).

         Seguramente, todavía estaba el matrimonio en Éfeso cuando Pablo volvió a Éfeso para cumplir su promesa de detenerse allí una larga temporada, a lo largo de su 3º viaje misionero. Y todavía debía permanecer allí cuando Pablo escribió su 1ª Carta a los Corintios, por los saludos que envía en nombre de Áquila y Priscila: "Las iglesias de Asia os saludan. Y os envían muchos saludos Áquila y Prisca en el Señor, junto con la iglesia que se reúne en su casa" (1Co 16, 19).

         Tras la muerte del emperador Claudio (ca. 54), Áquila y Priscila pudieron regresar a Roma. Allí continuaron su tarea misionera, acogiendo en su casa a los hermanos. Pablo los recuerda como colaboradores en la misión evangélica, y cuando escribe su Carta a los Romanos les envía saludos muy cordiales:

"Saludad a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad; saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa" (Rm 16, 3-5).

         No sabemos cuántas veces tuvieron que exponerse a defender a San Pablo sus amigos Áquila y Priscila. Pero por lo menos sabemos que lo hicieron en Corinto, cuando los judíos condujeron a Pablo al tribunal del procónsul Galión, y allí apalearon a Sóstenes (Hch 18, 17). Y que lo hicieron en Éfeso, cuando Demetrio (el Platero) promovió contra Pablo el Motín de los Orfebres (Hch 19, 23-40). Y que seguramente también lo harían en Roma, cuando el apóstol Pablo apeló al césar y al césar decidió dirigirse, a la boca del lobo de la misma Roma.

         La movilidad de este matrimonio, por otro lado, es sorprendente. Unas veces empujados por una orden imperial. Y otras por la necesidad de atender a sus negocios. Pero siempre aprovechando cada nueva ciudad y cada nueva ocasión para abrir las puertas de su casa a las comunidades cristianas. Efectivamente, el cristianismo no fue una religión de los templos, sino de las casas y los quehaceres diarios de las personas, con negocios y tiendas comerciales de por medio.

         Ha pasado el tiempo, y cuando Pablo llega a Roma, el matrimonio ya no está en la ciudad, sino que se ha ausentado por sus negocios en Éfeso, a juzgar por los saludos que Pablo les envía desde Roma, por medio de su discípulo Timoteo (2Tm 4, 19).

         Nos agrada pensar que todo le venía bien a este matrimonio para anunciar el evangelio de Jesucristo. Y nos alegra celebrar en este día el recuerdo de aquel matrimonio que se habría de convertir en un atrayente modelo para tantos matrimonios de hoy día, capaces de compaginar su familia y negocio con la fe.

 Act: 08/07/24     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A