9 de Marzo
San Paciano de Barcelona
José
Dalmau
Mercabá, 9 marzo 2026
Semblanza
Tenemos noticias de él por las líneas que le dedicó San Jerónimo en su De Viris Illustribus, escrito hacia el 392: "Paciano, obispo de Barcelona, en las faldas del Pirineo, de correcta elocuencia, y tan esclarecido por su vida como por su dicción, compuso varios opúsculos, entre los cuales el Cervus y Contra los Novacianos. Murió en la extrema ancianidad, bajo el emperador Teodosio".
Por el mismo San Jerónimo sabemos que Paciano, casado en su juventud, tuvo un hijo llamado Dextro (que ocupó altos cargos en la administración imperial en tiempos de Teodosio y de Honorio). Debió de ser Paciano, por tanto, de familia distinguida. Sus obras denotan una alta cultura (literaria, sagrada y profana), y confirman plenamente el elogio que tributa San Jerónimo a su elocuencia.
No quedan pormenores sobre su actuación pastoral en el gobierno de la diócesis barcelonesa. Pero podemos asegurar, por la indicación de San Jerónimo como por los escritos del propio Paciano, que su celo por el bien espiritual de sus diocesanos fue muy activo e ilustrado.
Aunque no se puede determinar con precisión el intervalo de tiempo en que gobernó la diócesis de Barcelona, parece que fue sucesor inmediato de Pretextato, que asistió como obispo de Barcelona al Concilio de Sárdica (ca. 347) y que debió regirla por largos años. Como Teodosio comenzó a imperar el 379, la muerte del obispo Paciano debió ocurrir entre esta fecha y el 391, ya que el 392 la conocía San Jerónimo.
Paciano nos es conocido por sus escritos. Se ha perdido uno de los que cita San Jerónimo (el Cervus, de cuyo contenido tenemos alguna noticia por el mismo Paciano, en su Paraenesis). Pero nos han quedado sus 3 Cartas ad Simpronianum Novatianum y un Sermo de Baptismo ad Catechumenos. Tampoco se ha conservado, si es que llegó a escribirlo, otro tratado contra los novacianos, al que el mismo Paciano alude en su 3ª carta a Simproniano. ¿Sería el mismo tratado que cita San Jerónimo, o se refiere éste a sus cartas a Simproniano?
El cronista Morin atribuyó a Paciano otras 2 obras: Ad Lustinum Manichaeum (contra los manuscritos del retórico africano Victorino) y De Similitudine carnis Peccati (contra los maniqueos). Este último escrito tiene por autor al presbítero Eutropio (como demostró el padre Madoz), y tampoco son claros los argumentos en favor de la paternidad del 1º. Se admiten como obra de Paciano, pues, los 5 opúsculos citados.
Estos escritos, aunque breves, dan a Paciano un lugar apreciable en la patrología del s. IV, como testigo y doctor de la doctrina católica en puntos importantes. Y nos ponen de manifiesto el espíritu religioso y lleno de celo por el bien de los fieles a él encomendados, conforme al dechado que diseñó San Pablo en sus cartas a Timoteo y Tito.
El escrito perdido Cervus (o Cervulus, como él dice) era, según él mismo refiere, una celosa diatriba contra los perversos e impúdicos desórdenes que se cometían por algunos cristianos, en una especie de carnaval de 1º de año (costumbre conocida ya por otros autores eclesiásticos, y las disposiciones de algunos concilios de aquella época), en que la gente se entregaba libremente y sin pudor a la maldad, disfrazándose en figuras monstruosas de animales (ciervos, cabras y terneros, sobre todo).
El Sermo de Baptismo es una instrucción a los competentes (catecúmenos ya próximos al bautismo), en la que Paciano les enseña la manera en que "nacemos y nos renovamos por el bautismo". Expone 1º el estado de muerte y degradación en que yace el hombre prebautismal (explicando la doctrina del pecado original, en vísperas de la negación pelagiana y antes de la defensa que de ella hizo San Agustín). Una muerte de la que nos sacó Cristo, asumiendo la naturaleza humana, redimiendo al hombre de su esclavitud al pecado, y presentando al hombre puro e inmaculado a los ojos de Dios.
Describe a continuación Paciano con gran viveza la lucha que sostuvo Cristo con el demonio hasta la muerte de cruz, a la que siguió la gloria de la resurrección. Una victoria que Cristo traspasa al bautizado, pues así como naciendo en Adán nos convertimos en hombre pecador, así renaciendo en Cristo nos hacemos santos. Cristo nos engendra en la Iglesia por el bautismo, para que, como Cristo resucitó, así nosotros vivamos vida nueva (a la que fervientemente les invita el santo obispo).
Las 3 Cartas a Simproniano son más citadas por su importancia en la teología penitencial, y en ellas responde a Simproniano. Era Simproniano, a lo que parece, un hombre distinguido (clarissimus, en boca de Panciano), que se había separado de la unidad católica, adhiriéndose al cisma herético de los novacianos (que ya hacía siglo y medio hería a la Iglesia).
En la 1ª carta que Simproniano escribió al obispo de Barcelona, aquél no se declara novaciano pero se opone al término católico que se aplica a la Iglesia verdadera, y al perdón de los pecados por la penitencia. Paciano le contesta defendiendo dicho término (católico) por el ejemplo de los doctores anteriores (en particular de San Cipriano, cuyas doctrinas se apropia Paciano) y por la necesidad de distinguir con algún tipo de nombre a la "Iglesia principal", en medio de la confusión sembrada por las herejías.
Aquí aporta Paciano una hermosa sentencia: "cristiano es mi nombre, católico mi apellido". Un término, el de católico, que para Paciano significa "unidad y obediencia total de todos". Así, la Iglesia es católica porque es una en todos y una sobre todos, "in omnibus una et una super omnes".
El perdón de los pecados, por la penitencia, es defendido por el barcelonés con ardiente y sentida elocuencia, y una abrumadora serie de testimonios de la Sagrada Escritura: "Nunca amenazaría Dios al que no hace penitencia, si no perdonase al penitente. Tú dirás que sólo Dios puede hacer eso, y es verdad. Pero lo que por sus sacerdotes hace Dios, es potestad suya".
En la 2ª carta responde caritativa pero claramente a las argucias e indicios de poca buena voluntad con que reaccionó Simproniano a la 1ª del santo obispo.
La 3ª carta, la más larga y casi a forma de tratado, refuta los argumentos de los novacianos, expuestos en un escrito que le había remitido Simproniano (que decía que "después del bautismo no se puede hacer penitencia", que "la Iglesia no puede perdonar el pecado mortal" y que "la Iglesia perece al recibir a los pecadores"). Es importante la precisión con que Paciano parece conocer el estado de la doctrina novaciana, que varió mucho en los 4 siglos que perduró.
Con la misma viveza y elocuente energía con que Paciano luchó contra los novacianos, también fue rechazando los sofismas de los que se llamaban a sí mismos cátaros (lit. puros), porque no querían admitir a reconciliación a los pecadores penitentes. El propio origen de los cátaros (o albigenses, porque surgieron en la francesa Albi) proporciona al obispo barcelonés armas eficaces de combate.
Y la santidad de la Iglesia (en la que pretendían fundarse los cátaros) le da ocasión para explayar en cálidas frases su amor a ella, no sólo "virgen esposa de Cristo", sino "madre fecunda y llena de compasivo amor hacia sus hijos pródigos, que no se mancha por exhortarlos a penitencia y acogerlos plenamente en su seno, después de cumplida la satisfacción, que no es ciertamente cosa de placer".
Toda esta refutación de los errores novacianos, con que Paciano deshace las falsas interpretaciones de los herejes, está impregnada de ricos textos bíblicos, así como santa indignación por las argucias con que éstos engañaban a sus seguidores.
Y también está impregnada de caridad hacia su corresponsal, a quien invita a contemplar a la Iglesia católica en su unidad y universalidad, a esa "reina vestida de oro pero con matices coloridos", a esa "vid rica en ramos que campean en sus largos sarmientos", a esa "casa grande que muestra su opulencia en preciosos vasos de oro puro y tersa plata". Y todo ello "sin avergonzarse, pues su misión es servir todo eso a Dios, en vasos de barro y madera".
La Paraenesis (sive Libellus exhortatorius ad Paenitentiam) nos resarce en parte de la carencia del opúsculo que se proponía escribir Paciano como complemento de sus cartas a Simproniano. En él, analiza directamente el barcelonés la penitencia pública, sobre todo la practicada respecto a los pecados más graves. Pero siempre con exhortaciones generales, aptas para mover al pecador a salir de su estado, a través de la penitencia.
Divide Paciano su exhortación en 4 partes. En la 1ª declara cuáles son estos pecados por los que se imponía la penitencia pública (apostasía, homicidio, adulterio y fornicación), sin aportar todavía una distinción adecuada entre pecado mortal y pecado venial.
En la 2ª acosa con celo pastoral a los que no quieren manifestar sus culpas por vergüenza, "tímidos después de la imipudencia y vergonzosos después del pecado, que no se avergüenzan de pecar y sí a la hora de confesar". La 3ª se dirige a los que, manifestadas sus culpas, no tienen valor para sujetarse a las obras penosas de la penitencia pública (semejantes a los "enfermos que, declarada su enfermedad, no quieren sufrir la cura dolorosa que el médico juzga necesaria").
Por último, exhorta Paciano a la penitencia a través de los castigos con que la Escritura amenaza a los impenitentes, y con la promesa del perdón para los que con la penitencia se humillan ante Dios, recordándoles una vez más las parábolas evangélicas de la dracma y la oveja perdida, y el regocijo de los ángeles por el pecador arrepentido.
El culto de San Paciano no figura en los libros litúrgicos mozárabes, y las primeras menciones de San Paciano son de los martirológios del s. IX. En los santorales y misales de Barcelona se halla su fiesta el 9 de marzo desde el s. XII, y actualmente tiene en la diócesis rito doble mayor. Los trabajos emprendidos en el s. XVI por el obispo de Barcelona (Dimas Loris) para hallar sus restos no condujeron a resultados ciertos.
Act:
09/03/26
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