21 de Agosto

Pío X papa

Marcos Martínez
Mercabá, 21 agosto 2026

Semblanza

         Nació en 1835 en Riese (Treviso) con el nombre de José Sarto, hijo de unos humildes padres (Juan Bautista y Margarita) que trabajaban para los recados y limpieza del ayuntamiento, y de cuyos 10 hijos apenas sobrevivieron 2 (Rosa y José, llamado fam. Beppi). Se trataba de una familia pobre pero piadosa, sobre todo la madre. "Siendo Beppi Sarto (dice René Bazin) hijo de padres tan cristianos, no podía dejar de amar a la Iglesia, a los oficios, al cura y al cielo".

         El card. Javierre tenía en su Vida de Pío X un capítulo extraño y simpático, titulado Defectos de Pío X. Allí se nos cuenta que el pequeño Sarto era de un temperamento fuerte, y que en un momento de intenso dolor de muelas dio un tortazo a su hermana Rosa.

         Vistió muy pronto la sotana de acólito, y empezó a decir que deseaba ser sacerdote. A los 11 años hizo la 1ª comunión. Uno necesariamente tiene que pensar aquí en el amor con que recibiría a Jesús aquel niño que un día (cuando sea papa) iría a abrir de par en par las puertas del sagrario a los pequeños. El cura de Riese (don Tito Fusarini) conocía muy bien a Beppi, y decía de él: "Es el alma noble de este país".

         Todos los niños sabían que para ser sacerdote hay que saber latín, y también lo sabía el pequeño Beppi. Para eso había que ir a Castelfranco (a 7 km de Riese), y luego al Seminario de Padua. Pero antes había que conseguir una beca, asunto del que se encargó el cura de Riese, quien un día llama con bastante misterio al muchacho y le dice:

—De rodillas, Beppi, y da gracias a Dios, que seguramente tiene algún designio para ti. Pronto entrarás en el seminario, y serás sacerdote.

         José Sarto fue siempre un estudiante aventajado. Junto a las notas de los archivos del Seminario de Padua se ha conservado este juicio: "Discípulo irreprochable; inteligencia superior; memoria excelente; ofrece toda esperanza". Fue ordenado sacerdote el 18 septiembre1858 en la Catedral de Castelfranco, y al día siguiente cantó su 1ª misa en Riese, ante las lágrimas y gozo de su madre y hermana.

         Don José fue un sacerdote "de buena estatura, delgado y dotado de un rostro encantador, con la frente alta, los cabellos abundantes y echados hacia atrás, los labios finos, las mejillas y el mentón sólidamente modelados". Pero, sobre todo, era un alma con una mirada de pureza, de suavidad, que se transparentaba en sus ojos. Alguien dirá más tarde de Pío X: "Todo corazón recto vuela hacia él". Y después de la 1ª audiencia que como papa concedió al cuerpo diplomático, preguntaban éstos al card. Merry del Val: "Monseñor, ¿qué tiene este hombre que atrae tanto?".

         La vida sacerdotal del padre Sarto empieza como coadjutor de Tómbolo, y termina en la cátedra de Pedro. Se puede decir que pasó por la mayoría de los cargos por que puede pasar un eclesiástico. Un estupendo aprendizaje brindado por la Providencia al hijo del humilde alguacil de Riese.

         Hay una hermosa anécdota de sus tiempos de cardenal de Venecia. Nos la cuenta el card. Javierre en su estupenda Vida de Pío X. Al patriarca de Venecia, la ciudad más bella del mundo, le gustaba jugar alguna que otra vez una partidita a los naipes. Esta tarde son 5 amigos en torno a la mesa. Una niebla espesa cubre los canales y apenas se divisan las luces movedizas de las góndolas. Dentro se está bien al calorcillo de la estufa. Se acaba la partida y Rosa (la hermana del card. Sarto) ha traído unas tacitas de café. Brota la charla festiva, y como bromea el cardenal:

—Me dará mucha pena dejar Venecia. Sí, porque pronto se cumplirá mi fecha. Cada 9 años cae una hoja de mi calendario. Fui 9 años coadjutor de Tómbolo, 9 años párroco de Salzano, 9 años canónigo de Treviso y otros 9 como obispo de Mantua. ¿Qué me harán al terminar mis 9 años de patriarca en Venecia?

         Ríen todos, pero el patriarca está convencido de que sus días terminarán en Venecia. No obstante, Dios ha dispuesto otra cosa, y a los 9 años es elegido papa y tiene que dejar su amada Venecia.

         León XIII, el anciano y sabio pontífice, acaba de morir. Los cardenales de todo el mundo se han reunido en Roma para elegir al nuevo papa, y al lado del card. Sarto está el card. Lecot (arzobispo de Burdeos), quien le pregunta en francés:

—Vuestra eminencia es obispo italiano. Pero ¿de qué diócesis?

—No hablo francés, responde Sarto en italiano.

—¿De qué diócesis sois arzobispo?, pregunta ahora en latín el cardenal francés.

—Soy patriarca de Venecia.

—¿Y no habláis francés? Pues no sois papable, porque el papa debe hablar francés.

—Cierto, eminencia, no soy papable. Gracias a Dios.

         A pesar de no saber francés, Sarto fue elegido papa. Se resistió cuanto pudo, pero finalmente tuvo que rendirse a lo que claramente era la voluntad de Dios.

         El card. Oreglia, decano del Colegio Cardenalicio y camarlengo de la Iglesia, se acerca al trono del patriarca de Venecia para recibir su aceptación del sumo pontificado:

—¿Aceptas la elección que acaba de hacerse de tu persona, en calidad de papa?

         Un momento de silencio, y el elegido contesta:

—Que ese cáliz se aparte de mí. Sin embargo, que se haga la voluntad de Dios.

         La contestación no fue considerada válida y el cardenal decano insiste:

—¿Aceptas la elección que acaba de ser hecha de tu persona, en calidad de papa?

         El card. Sarto contesta:

—Acepto, como una cruz.

—¿Cómo quieres ser llamado?

—Puesto que debo sufrir, tomo el nombre de los que han sufrido: me llamaré Pío.

         El 4 octubre 1903 publica Pío X su 1ª encíclica: Supremi Apostolatus Cathedra, en la que introduce el que será programa de todo su pontificado: Restaurar todas las cosas en Cristo. O como él mismo decía:

"Puesto que plugo a Dios elevar nuestra bajeza hasta esta plenitud de poder, Nos sacamos ánimo de quien nos conforta, y poniendo manos a la obra, sostenido por la fuerza divina, Nos declaramos que nuestro fin único, en el ejercicio del sumo pontificado, es restaurar todo en Cristo, a fin de que Cristo sea todo y esté en todo".

         Pío X, intrépido y manso, va a dar a la Iglesia de Cristo un pontificado fecundo. Pío X es el papa de la eucaristía, de la codificación del Derecho Canónico, de la condenación del modernismo y restaurador de la música sacra. Cada una de estas empresas es suficiente para hacer glorioso a un pontificado.

         Pío X abrió las puertas del sagrario a los niños, porque el jansenismo había propagado un concepto de Dios demasiado severo, y se exigía una pureza extraordinaria para acercarse a comulgar. A los niños no se les permitía hacerlo hasta los 12 años, y una vez hecha la 1ª comunión, las restantes se distanciaban mucho.

         Pío X señaló los 7 años como edad normativa para la 1ª comunión, porque "basta que los niños conozcan las verdades fundamentales de la fe, y sepan distinguir este pan divino del otro pan". E incluso fue él el 1º en llevarlo a la práctica, cuando una dama inglesa presentó su chiquitín a Pío X, pidiéndole la bendición:

—¿Cuántos años tiene?

—Cuatro, y espero que dentro de poco pueda él recibir la comunión.

—¿A quién recibirás en la comunión?

—A Jesucristo.

—¿Y Jesucristo, quién es?

—Es Dios, contestó el pequeño sin titubeos.

—Tráigamelo mañana, dijo a la madre. Y yo mismo le daré la comunión.

         Uno de los problemas más difíciles de su pontificado fue la condenación del modernismo. Este le costó la encíclica Pascendi, probablemente la más importante de Pío X. En ella califica a estas doctrinas como "el punto de cita de todas las herejías".

         Era un ataque sutil a la revelación y sentido sobrenatural del catolicismo. Algo muy peligroso por salir del mismo seno de la Iglesia y minar los fundamentos de nuestra santa religión. Influenciados por las corrientes filosóficas en boga daban una interpretación enteramente natural y racionalista de las verdades religiosas, Hizo falta el instinto sobrenatural de un santo y toda la fortaleza del espíritu de Dios para desenmascarar y afrontar al modernismo. Fueron días de tormenta para la barca de Pedro. No era fácil ver claro entonces. Hoy, en cambio, todos vemos claro la certeza con que obró el papa.

         Otra gran empresa de Pío X fue la codificación del Derecho Canónico. En una audiencia con mons. Gasparri, uno de los canonistas más eminentes del momento, le dice el papa:

—Seguramente, es posible la codificación del Derecho Canónico.

—Sí, Santo Padre.

—Pues bien, hágala usted.

         No pudo ver esta obra terminada. El día de Pentecostés de 1917 promulgaba Benedicto XV esta gran obra legislativa.

         Escogió el nombre de Pío porque así se habían llamado los papas que habían sufrido mucho. No se equivocó; tuvo que sufrir mucho. El mayor sufrimiento le vino de Francia, la hija mayor de la Iglesia.

         El 6 diciembre 1905 el Parlamento francés votó la ley de separación entre la Iglesia y el Estado. Era el laicismo para el pueblo francés y la pobreza para la Iglesia de Francia. El 11 febrero 1906 se dirigía el papa a los cardenales, obispos, clero y pueblo de Francia:

"Tenemos la esperanza, mil veces cumplida, de que jamás Jesucristo abandonará a su Iglesia, y jamás la privará de su apoyo indefectible. No podemos temblar por el futuro de la Iglesia. Su fuerza es divina, y contamos con experiencia de siglos".

         A cargo de su ironía se cuentan bastantes anécdotas. De no ser santo, hubiese sido mordaz e insoportable. Pero la santidad despejó totalmente este peligro. La gente empezó a equivocarse cariñosamente, y a llamarle "el papa santo". Ante lo cual, él corregía inmediatamente:

—No, papa santo no, sino papa Sarto.

         No obstante, su santidad se reflejaba en su rostro (aunque él lo negara), así como en sus palabras, en su espíritu de oración y en su incansable sentido apostólico. Cuantos le trataron de cerca aseguraban que acababan de ver a un santo. Su blanca figura de papa era la encarnación de la mansedumbre y el sentido sobrenatural.

         Pío X, el papa Sarto, murió el 20 agosto 1914, a causa de un infarto de miocardio, a la edad de 79 años. Fue enterrado en la Capilla de la Presentación de la Basílica Vaticana, y el 29 mayo 1954 fue elevado a los altares por Pío XII. Poco después, su cuerpo fue llevado a hombros en visita pastoral a su querida Venecia, en cumplimiento de una vieja promesa que él había hecho a sus amados diocesanos:

—Vivo o muerto volveré a Venecia.

 Act: 21/08/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A