5 de Enero

Juan Nepomuceno

Lamberto Echeverría
Mercabá, 5 enero 2026

Semblanza

         Nació en 1340 en Nepomuk (Bohemia), pequeño poblado dependiente de la cisterciense Abadía de Pomuk. Tras pasar sus primeros años imbuido por las enseñanzas cistercienses, obtiene en 1370 la plaza de notario por el arzobispado de Praga, y es ordenado sacerdote en 1379.

         Comenzó su tarea pastoral como párroco de la Parroquia San Gall de Praga, y simultaneó sus cuidados pastorales con el estudio del derecho canónico (en la célebre Universidad de Praga, en la que obtiene la licenciatura).

         Nos encontramos en la extensa diócesis de Praga, con más de 1.500 parroquias y con un arzobispo (Juan Jenstein) que era incansable en la defensa de las costumbres, así como tajante opositor ante las injustas pretensiones de Wenceslao IV de Bohemia, hijo del padre de la patria (el emperador Carlos IV de Luxemburgo).

         En 1382 es enviado Juan por Jenstein a Padua, donde se doctora en derecho canónico en 1387, volviendo luego a Praga. En Praga es nombrado canónigo de la Iglesia de San Gil, aunque permanece en ella tan sólo 2 años, y de ahí pasa a la Colegiata de Visehrad. El 25 agosto 1390 conmutó la Parroquia de San Gall por el Arcedianato de Zatec, encargándose así de un oficio que llevaba consigo el título de canónigo honorario de la Catedral de San Vito. Por entonces, había sido nombrado ya vicario general de aquella amplísima archidiócesis.

         Fue entonces cuando ocurrió el suceso que dio pie para que el rey actuara contra él. En la Abadía de Kladruby había sido elegido un nuevo abad (llamado Olen), como sucesor del fallecido abad Racek. Como nadie había presentado objeción alguna a tal elección dentro del plazo establecido, el vicario general Nepomuceno confirmó el nuevo abad.

         Pero tropezó con las pretensiones de Wenceslao IV, que quería suprimir la abadía para erigir una nueva sede episcopal y conferirla a un miembro de su corte, al parecer a Juan Nanko, preboste de Lebus (en la Silesia). Contrariado en sus planes, intentó presionar sobre el vicario general y, al no conseguirlo, dio orden de arrojarle al río Vitava.

         Era el año 1393. Esta fecha, que sabemos está atestiguada por el abad agustino de Zahani, en Silesia (Lodolfo Loserth, que había hecho sus estudios en Praga en 1372), nos ofrece las máximas garantías. Por otra parte, el obispo Jenstein, en una amplia relación que envió a Roma, testimonia el martirio de su vicario general. Y el biógrafo del mismo obispo, escribiendo en el año 1401, habla del martirio y de los milagros que se han obtenido por intercesión de Nepomuceno.

         Sin embargo, podrá extrañar que no hagamos alusión a la tradición que enlaza el martirio de Nepomuceno con la guarda del sigilo sacramental. Uno de los más insignes historiadores bohemos (Palacky), comentando la decisión de Wenceslao IV, sugiere ya algo cuando dice: "Había también otros motivos por los que el rey odiaba a este pío sacerdote".

         ¿Qué motivos eran éstos? Tomás de Haselbach, que fue enviado al concilio de Basilea para tratar con los bohemos en 1433-1435, nos va a proporcionar un dato precioso. En su crónica, escrita hacia 1450, indica la existencia de una sólida tradición local sobre el sigilo sacramental como causa del martirio de Nepomuceno. Es más, la verdad de esta tradición no es negada ni por los mismos husitas (a pesar de la parte activa que en el martirio tuvo el rey, protector de su naciente partido).

         Años después, el historiador Zidek repite en su Zpravovna (ca. 1471) la misma noticia, y describe la tumba de Nepomuceno en la Iglesia de San Vito, donde el pueblo fiel veneraba el cuerpo del mártir como el de un santo. El historiador bohemo Pekar no se atreve a negar la posibilidad de que Nepomuceno hubiera sido confesor de la reina.

         No puede admirar, sin embargo, que no exista un testimonio inmediato. ¿En qué cabeza puede caber que el rey declarara expresamente que mandaba matar a Nepomuceno porque tenía celos de su esposa, y deseaba cerciorarse de la verdad obligándole a declararle lo oído en confesión? Evidentemente, esto sería absurdo. Lo lógico era buscar un pretexto cualquiera, el de su firmeza al defender los derechos de la Iglesia, para mandarlo matar. Luego la tradición se encargaría de conservar la memoria de lo que verdaderamente había ocurrido.

         En efecto, el culto a Juan Nepomuceno tomó desde su muerte una gran fuerza. Así nos encontramos con muchísimos testimonios, no sólo arqueológicos, sino también literarios, en forma de canciones y poesías que nos testimonian el amor que el pueblo conservaba hacia el santo y el fervor con que le tributaba culto.

         Hacia 1541, sin embargo, ocurrió un hecho que ha venido a turbar durante tiempo la historia de Nepomuceno. El cronista Libocan, escribiendo sobre una fuente histórica en la que la fecha del martirio aparecía fijada en 1383, dio como cierta tal fecha. Y cuando el jesuita Balbin y los 2 canónigos de San Vito (Dlouhvesky y Pesina) promovieron la gran campaña en favor de la canonización de Nepomuceno (trabajando sobre la crónica anterior), se encontraron con 2 fechas para el martirio.

         La campaña emprendida por Balbin y sus 2 amigos canónigos obtuvo un éxito resonante. El papa Inocencio XIII declaró beato a Juan Nepomuceno el 25 junio 1721 (aprobando el documento del arzobispo de Praga, que atestigua la autenticidad de su culto inmemorial).

         Desde entonces, numerosas cartas llegadas desde los emperadores, obispos, órdenes religiosas, universidades de Viena, Praga y Bratislava, de la facultad de Olomouc... pidieron a Roma la apertura del proceso de canonización, que el mismo Inocencio XIII concedió el 18 julio 1722. Fueron examinadas las declaraciones de 54 testigos, y se examinaron también los milagros que se atestiguaban. Y ocurrió entonces algo que pocas veces ha sucedido en una causa de esta clase.

         El 27 enero 1725 la comisión presidida por el arzobispo de Praga, compuesta por dignidades eclesiásticas y civiles (de profesores de medicina y de 2 cirujanos), examinó la lengua del mártir, que fue encontrada incorrupta, pero seca, y de color gris. De pronto, en presencia de todos, empezó a esponjarse y apareció rosa, como si se tratara de la de una persona viva. Todos se pusieron de rodillas, y este milagro, realizado en circunstancias tan solemnes, fue el 4º de los que sirvieron para la canonización. Ésta fue consumada por Benedicto XIII el 19 marzo 1729, en la Basílica San Juan de Letrán.

         San Juan Nepomuceno ha sido considerado siempre como el patrono del sigilo sacramental, así como patrono de la fama y el buen nombre. Y ejerce su patronato sobre la Bohemia y Moravia. El culto de San Juan Nepomuceno ha sido, al través de los siglos, como el punto de cita del sentir religioso y nacional de estos 2 pueblos. El altar del santo mártir, con sus sagradas reliquias en la Iglesia de San Vito, era el imán que atraía todos los años el 16 de mayo hacia Praga innumerables peregrinos bohemos, moravos y eslovacos.

         Cuando iba desapareciendo en las escuelas la lengua materna, oprimida por la lengua alemana, los peregrinos de Praga oían con gozo hablar su propia lengua. La fiesta de San Juan Nepomuceno era el estímulo para la vida de la nación. Como escribía el 12 abril 1925 en una carta pastoral mons. Kaspar, obispo de Hradec Kralove:

"El culto de San Juan Nepomuceno suscitaba la lengua bohema a nueva vida. No sé si, sin San Juan Nepomuceno, se oiría aún esta lengua en las regiones de nuestra amada patria".

         Una providencia especial pareció velar siempre sobre sus reliquias. Se vieron libres primero de las profanaciones de los husitas, y después de las de los luteranos, en 1618. Su casa natal fue transformada en iglesia, y un altar señala el lugar de su nacimiento.

         En Praga, en el lugar donde fue tirado al río (en el puente que une las 2 partes de la ciudad), se conservaba una imagen ante la que los habitantes de la ciudad tenían la piadosa costumbre de orar siempre que pasaban. No es raro encontrar imágenes semejantes en puentes de Alemania y Alsacia. Su culto se extendió también, por influjo de la Compañía de Jesús, a otros muchos países.

 Act: 05/01/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A