HIPÓLITO DE ROMA
Tratado del Anticristo

A
Introducción

I

Como era vuestro deseo, mi amado hermano Teófilo, estar plenamente informados sobre los temas que os he expuesto sumariamente, he creído oportuno exponeros claramente estas cuestiones de investigación, basándome en gran parte en las Sagradas Escrituras como de una fuente santa, para que no sólo tengáis el placer de escucharlos según el testimonio de los hombres, sino que también podáis, examinándolos a la luz de la autoridad divina, glorificar a Dios en todo. Porque esto será como un suministro seguro que te proporcionaremos para tu viaje en esta vida presente, para que, con un rápido argumento, aplicando cosas mal entendidas y aprehendidas por la mayoría, puedas sembrarlas en la tierra de tu corazón, como en una tierra rica y suelo limpio. También con esto podréis silenciar a los que se oponen y contradicen la palabra de salvación. Procurad no entregar estas cosas a lenguas incrédulas y blasfemas, porque ese no es un peligro común. Impartidlas a hombres piadosos y fieles, que deseen vivir santa y rectamente con temor. Porque no en vano el bienaventurado apóstol exhorta a Timoteo, y le dice: "Oh Timoteo, guarda lo que te ha sido encomendado, evitando palabrerías profanas y vanas, y oposiciones de ciencia falsamente llamada; que algunos profesantes han errado en cuanto a la fe", y: "Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Y lo que habéis oído de mí en muchas exhortaciones, encargadlo a hombres fieles, que sean idóneos para enseñar también a otros". Si el bienaventurado apóstol proclamó estas cosas con piadosa advertencia, que todos podían entender fácilmente, al comprender en el espíritu que "no todos tienen fe" (2Ts 3,2), ¿cuánto mayor será nuestro peligro si, precipitadamente y sin pensar, confiamos las revelaciones de Dios a hombres profanos e indignos?

II

Los bienaventurados profetas previeron por la fe los misterios de la palabra, y llegaron a ser ministros de estas cosas también para las generaciones venideras, y no sólo relatando lo pasado sino también anunciando lo pasado, presente y futuro. Lo hicieron para que el profeta no parezca serlo sólo por el momento, sino que también pueda predecir el futuro para todas las generaciones, y así ser considerado un verdadero profeta. Porque estos padres fueron provistos del Espíritu y en gran medida honrados por la Palabra misma; y tal como ocurre con los instrumentos musicales. así tenían siempre la Palabra, como la púa, en unión con ellos, y movidos por él los profetas anunciaban lo que Dios quería. Porque no hablaban de su propio poder (que no se equivoque al respecto), ni declaraban lo que les agradaba. Pero primero fueron dotados de sabiduría por la Palabra, y luego fueron instruidos correctamente en el futuro por medio de visiones. Y luego, cuando ellos mismos estaban plenamente convencidos, dijeron aquellas cosas que Dios les había revelado sólo a ellos y ocultadas a todos los demás. ¿Por qué razón se debe llamar profeta al profeta, a menos que en espíritu haya previsto el futuro? Porque si el profeta hablara de algún acontecimiento casual, entonces no sería profeta al hablar de cosas que estaban bajo la mirada de todos. Pero aquel que expone en detalle lo que aún está por suceder, con razón es considerado profeta. Por eso fueron llamados profetas desde los primeros videntes (1Sm 9,9). Por eso también nosotros, que estamos correctamente instruidos en lo que ellos declararon en otro tiempo, no hablamos de nuestra propia capacidad. Porque no pretendemos cambiar entre nosotros las palabras que ellos hablaban antiguamente, sino que hacemos públicas las Escrituras en las que están escritas y las leemos a los que pueden creer correctamente; porque ese es un beneficio común para ambas partes: para el que habla, en conservar en la memoria y exponer correctamente las cosas dichas desde antiguo; y para el que oye, en prestar atención a lo dicho. Por tanto, en esto hay una tarea asignada a ambas partes juntas, a saber: al que habla (que hable fielmente sin tener en cuenta el riesgo) y al que oye (que oiga y reciba con fe lo que se le dice: "Os ruego que os esforcéis junto conmigo en oración a Dios").

III

¿Queréis saber de qué manera el Verbo de Dios, que era otra vez Hijo de Dios, como lo era antiguamente el Verbo, comunicó en tiempos pasados sus revelaciones a los bienaventurados profetas? Pues bien, como la Palabra muestra su compasión y su negación de todo respeto a las personas por parte de todos los santos, él los ilumina y los adapta a lo que nos conviene, como un hábil médico, comprendiendo la debilidad de los hombres. A los ignorantes les encanta enseñar, y a los que se han extraviado los vuelve a su verdadero camino. Y los que viven por la fe lo encuentran fácilmente; y a los de ojos puros y corazón santo, que desean llamar a la puerta, él les abre inmediatamente. Porque él no rechaza a ninguno de sus siervos por ser indigno de los misterios divinos. No estima más al rico que al pobre, ni desprecia al pobre por su pobreza. No desdeña al bárbaro, ni desecha al eunuco como a ningún hombre. Él no odia a la mujer por el acto de desobediencia de la mujer al principio, ni rechaza al varón por la trasgresión del hombre. Pero él busca a todos y desea salvarlos a todos, deseando hacer a todos hijos de Dios y llamando a todos los santos a un solo hombre perfecto. Porque hay también un Hijo de Dios, por quien también "nosotros, recibiendo la regeneración por el Espíritu Santo, deseamos llegar todos a un solo hombre perfecto y celestial" (Ef 4,13).

IV

Siendo el Verbo de Dios incorpóreo, tomó sobre sí la carne santa por medio de la Santísima Virgen, y preparó un manto que se tejió, como un novio, en los sufrimientos de la cruz, para que uniéndose su propio poder con nuestro cuerpo moral, y mezclando lo incorruptible con lo corruptible y lo fuerte con lo débil, podría salvar al hombre que perece. La viga de tela, por lo tanto, es el paso del Señor en la cruz, y la urdimbre sobre ella es el poder del Espíritu Santo, y la trama es la carne santa labrada por el Espíritu, y el hilo es la gracia que por el amor de Cristo une y une a los dos en uno, y los peines o varas son la Palabra; y los obreros son los patriarcas y profetas que tejen la hermosa, larga y perfecta túnica para Cristo; y la Palabra pasando por éstos, como los peines o varas, cumple por ellos lo que su Padre quiere.

V

Como el tiempo apremia, y como puede ser suficiente lo que ya he dicho en la introducción acerca de la gloria de Dios, conviene que tomemos en mano las Sagradas Escrituras mismas, y descubramos en ellas de qué manera será la venida del Anticristo, y en qué ocasión y a qué hora ese imploro será revelado, y de dónde y de qué tribu él vendrá, y cuál es su nombre (que está indicado por el número en la Escritura), y cómo obrará error entre los pueblos (reuniéndolos desde los confines de la tierra), y cómo provocará tribulación y persecución contra los santos, y cómo se glorificará a sí mismo como Dios, y cuál será su fin, y cómo la repentina aparición del Señor será revelada desde el cielo, y cuál será la conflagración del mundo entero, y cuál será el reino glorioso y celestial de los santos (cuando reinen junto con Cristo), y cuál será el castigo de los impíos con fuego.

B
El verdadero Cristo y el falso Anticristo

VI

Como nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, fue profetizado bajo la figura de un león, a causa de su realeza y gloria, así también las Escrituras en otro tiempo hablaron del Anticristo como un león, en cuenta de su tiranía y violencia. ¿Por qué? Porque el engañador busca asemejarse en todo al Hijo de Dios. Así, si Cristo es un león, el Anticristo también quiere ser un león, y si Cristo es rey (Jn 18,37) también el Anticristo quiere ser rey, y si el Salvador se manifestó como un cordero (Jn 1,29), así también él querrá aparecer como un cordero, aunque por dentro sea un lobo. El Salvador vino al mundo en la circuncisión, y el Anticristo vendrá de la misma manera. El Señor envió apóstoles entre todas las naciones, y de la misma manera enviará el Anticristo falsos apóstoles. El Salvador reunió a las ovejas que estaban esparcidas, y de la misma manera reunirá el Anticristo a un pueblo que está esparcido. El Señor dio un sello a los que creyeron en él, y el Anticristo les dará otro similar. El Salvador apareció en forma de hombre, y él Anticristo también vendrá en forma de hombre. El Salvador levantó y mostró su carne santa como un templo (Jn 2,19), y el Anticristo levantará un templo de piedra en Jerusalén. A continuación exhibiré las artes de seducción del Anticristo, mas por el momento volvamos a la cuestión que nos ocupa.

VII

El bienaventurado Jacob habla en sus bendiciones con el siguiente efecto, testificando proféticamente de nuestro Señor y Salvador:

"Judá, te alaben tus hermanos: tu mano estará sobre el cuello de tus enemigos, y los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. Judá es cachorro de león: del retoño, hijo mío, subiste: se encorvó, se acostó como león, y como cachorro de león; ¿Quién lo despertará? No se apartará el gobernante de Judá, ni el líder de sus muslos, hasta que venga aquel a quien está reservado; y él será la expectativa de las naciones. Atando su asno a la vid, y el pollino de su asna al zarcillo de la vid; lavará su vestido en vino, y su vestido en la sangre de las uvas. Sus ojos se alegrarán como el vino, y sus dientes serán más blancos que la leche".

VIII

Sabiendo cómo explicar estas cosas detalladamente, me parece justo citar ahora las palabras mismas. Pero ya que las propias expresiones nos instan a hablar de ellas, no dejaré de hacerlo, porque éstas son cosas verdaderamente divinas y gloriosas, y cosas bien calculadas para beneficiar al alma. El profeta, al usar la expresión "cachorro de león", significa aquel que surgió de Judá y de David según la carne, que en verdad no fue hecho de la simiente de David, sino que fue concebido por el poder del Espíritu Santo, y brotó del santo retoño de la tierra. Porque Isaías dice: "De la raíz de Jesé saldrá una vara, y de ella crecerá una flor" (Is 11,1). Lo que Isaías llama flor, Jacob lo llama retoño. Primero salió disparado y luego floreció en el mundo. Y las expresiones "se inclinó", "se acostó como un león", y "como un cachorro de león", se refieren a los 3 días de muerte de Cristo, como también dice Isaías: "¡Cómo se prostituyó la fiel Sión! Estaba lleno de juicio; en el cual la justicia se alojó acostó; pero ahora asesinos" (Is 1,21). En el mismo sentido habla David, que al decir "me acosté y dormí, mas desperté porque el Señor me sustenta" señala el hecho de que se había dormido y se había levantado de nuevo. En este caso, Jacob dice: "¿Quién lo despertará?", y eso es justo a lo que se refieren tanto David como Pablo, como cuando Pablo dice que "Dios Padre lo resucitó de entre los muertos" (Gál 1,1).

IX-XIII

Al decir "no se apartará de Judá el gobernante, ni el líder de sus muslos, hasta que venga aquel para quien está reservado", y "él será la expectativa de las naciones", Jacob refirió el cumplimiento de esa profecía a Cristo, porque él es nuestra expectativa, es a él a quien esperamos, y por la fe lo contemplamos cuando viene del cielo con poder. La expresión "atando su asno a la vid" significa que une a su pueblo de la circuncisión con su propio llamamiento, porque él era la vid (Jn 15,1). La expresión "el pollino de su asna al zarcillo de la vid" designa al pueblo de los gentiles, como llama a la circuncisión y a la incircuncisión a una sola fe. La expresión "lavará su manto en vino" designa a aquella voz que del Padre descendió por el Espíritu Santo en el Jordán. Sobre la expresión "su ropa en la sangre de la uva", ¿en la sangre de qué uva habla, sino sólo de la propia carne de Cristo, que colgaba del árbol como un racimo de uvas? De su costado brotaron dos arroyos, de sangre y de agua, en los que son lavadas y purificadas las naciones, que se puede suponer que tiene como manto a su alrededor. Sobre la expresión "sus ojos alegres por el vino", ¿qué son los ojos de Cristo, sino los bienaventurados profetas, que previeron en el Espíritu y anunciaron de antemano los sufrimientos que le sobrevendrían, y se regocijaron al verlo con poder con ojos espirituales, siendo provistos para su vocación por el palabra misma y su gracia? La expresión "sus dientes serán más blancos que la leche" se refería a los mandamientos que salen de la santa boca de Cristo, y que son puros como la leche.

XIV

Así predicaron las Escrituras antes de los tiempos, sobre este león y su cachorro. Y de la misma manera también encontramos lo escrito acerca del Anticristo. Moisés habla así: "Dan es un cachorro de león, y saltará desde Basán" (Dt 33,22). Para que nadie se equivoque al suponer que esto se dice del Salvador, atienda cuidadosamente el asunto. Dan, dice, es "un cachorro de león", y al nombrar la tribu de Dan, declaró claramente la tribu de la cual está destinado a surgir el Anticristo. Así como Cristo surge de la tribu de Judá, así el Anticristo surgirá de la tribu de Dan. Esto lo vemos por las palabras de Jacob, que dice: "Sea Dan una serpiente tendida en el suelo, que muerde el talón del caballo" (Gn 49,17). ¿Qué significa la serpiente, sino el Anticristo, ese engañador que engañó a Eva y suplantó a Adán (Gn 3,1)?

XV

Sobre que será de la tribu de Dan ese tirano y rey, ese juez temible, ese hijo del diablo, el destinado a surgir y levantarse, lo testifica el mismo profeta cuando dice: "Dan juzgará a su pueblo, como él es también una tribu en Israel" (Gn 49,16). Alguno dirá que esto se refiere a Sansón, que surgió de la tribu de Dan, y juzgó al pueblo 20 años. Bueno, la profecía tuvo su cumplimiento parcial en Sansón, pero su cumplimiento completo está reservado para el Anticristo. Jeremías también habla en este sentido, diciendo: "Desde Dan debemos oír el sonido de la rapidez de sus caballos. Toda la tierra tembló ante el sonido del relincho, del paso de sus caballos" (Jer 8,16). Otro profeta dice: "Reunirá todas sus fuerzas, desde el Oriente hasta el Occidente. Los que él llama y los que no llama, irán con él. Blanqueará el mar con las velas de sus naves, y ennegrecerá la llanura con los escudos de sus armas. Y cualquiera que se le oponga en la guerra, caerá a espada". Estas cosas no se dicen de nadie más que de ese tirano, desvergonzado y adversario de Dios, como demostraremos en lo que sigue.

C
Intervención del Anticristo, según el Antiguo Testamento

XVI

Isaías habla así:

"Cuando el Señor haya realizado toda su obra en el monte Sión y en Jerusalén, castigará a la mente valiente, al rey de Asiria y a la grandeza de la gloria de sus ojos. Porque dijo: Con mi fuerza lo haré, y con la sabiduría de mi entendimiento traspasaré los límites de los pueblos, y despojaré de sus fuerzas; y haré temblar las ciudades habitadas, y reuniré a todos los mundo en mi mano como un nido, y lo levantaré como huevos que quedan. Y no hay quien se escape ni me contradiga, y abra la boca y charle. ¿Se jactará el hacha sin el que la corta? ¿O se engrandecerá la sierra sin quien la mueva? Como si se levantara una vara o un bastón y el bastón se levantara solo: y no así. Pero el Señor enviará deshonra a vuestra honra; y en tu gloria arderá un fuego ardiente. Y la luz de Israel será fuego, y lo santificará en llama, y consumirá el bosque como hierba".

XVII

Nuevamente, Isaías dice en otro lugar:

"¡Cómo ha cesado el exactor, y cómo ha cesado el opresor! Dios ha roto el yugo de los gobernantes de los pecadores, el que hirió al pueblo con ira y con un golpe incurable; el que hiere al pueblo con un golpe incurable, del cual no perdonó. Cesó y descansó confiadamente: toda la tierra grita de alegría. Los árboles del Líbano se regocijaron en ti, y el cedro del Líbano, diciendo: Desde que fuiste puesto, ningún talador ha subido contra nosotros. El infierno de abajo se conmueve al recibirte: todos los poderosos, los gobernantes de la tierra, se han reunido, los señores desde sus tronos. Todos los reyes de las naciones, todos responderán juntos, y dirán: Y vosotros también sois tomados como nosotros; y sois contados entre nosotros. Ha sido derribada por tierra tu pompa, tu gran regocijo: sembrarán corrupción debajo de ti; y el gusano será vuestra cubierta".

¡Cómo has caído del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! Tú fuiste arrojado a la tierra por Aquel que envía a todas las naciones, y dijiste en tu mente: Subiré al cielo, pondré mi trono sobre las estrellas del cielo, me sentaré sobre los montes altos hacia el norte, ascenderé sobre las nubes, seré como el Altísimo. Sin embargo, ¡ahora eres derribado al infierno y a los cimientos de la tierra!

A continuación, Isaías sigue diciendo:

"Los que te vean se maravillarán de ti, y dirán: Este es el hombre que conmocionó la tierra, que sacudió a los reyes, que convirtió el mundo entero en un desierto, que destruyó las ciudades, que no liberó a los presos. Todos los reyes de la tierra yacieron en honor, cada uno en su propia casa, pero tú serás arrojado sobre los montes como un cadáver repugnante, con muchos que caerán, traspasados a espada, y descenderán al infierno. Como un vestido manchado de sangre no es puro, así tampoco serás hermoso ni limpio, porque destruiste la tierra y mataste al pueblo de Dios. No permanecerás, ni perdurarás para siempre, oh simiente malvada. Prepara a tus hijos para el matadero, por los pecados de tu padre, para que no se levanten, ni posean mi tierra".

XVIII

También Dios habla de él por medio de Ezequiel, cuando dice:

"Por cuanto se enalteció tu corazón, y has dicho: Yo soy Dios, en el trono de Dios estoy sentado, en medio del mar. Sin embargo, eres un hombre, y no Dios, aunque has puesto tu corazón como el corazón de Dios. ¿Eres más sabio que Daniel? ¿No os han enseñado los sabios su sabiduría? ¿Con tu sabiduría o con tu entendimiento has adquirido poder, y oro y plata en tus tesoros? ¿Por tu gran sabiduría y por tu tráfico has aumentado tu poder? Tu corazón se enaltece en tu poder. Por tanto, por cuanto habéis puesto vuestro corazón como el corazón de Dios, yo traeré sobre vosotros extranjeros, plagas de las naciones, y desenvainarán sus espadas contra ti, y contra la hermosura de tu sabiduría; y nivelarán tu hermosura hasta la destrucción; y os derribarán; y moriréis a causa de la muerte de los heridos en medio del mar. ¿Aún diréis delante de los que os matan: Yo soy Dios? Pero tú eres un hombre y no un Dios en manos de los que te hieren. Moriréis como los incircuncisos por mano de extraños; porque yo he hablado, dice el Señor".

XIX

Presentadas estas palabras, observemos ahora en detalle lo que dice Daniel en sus visiones. Al distinguir los reinos que se levantarán después de estas cosas, Daniel mostró la venida del Anticristo en los últimos tiempos y la consumación del mundo entero. Al exponer la visión de Nabucodonosor, Daniel dice así:

"Tú, oh rey, viste, y he aquí una gran imagen que estaba delante de ti: cuya cabeza era de oro fino, sus brazos y hombros de plata, su vientre y su muslos de bronce, y sus piernas de hierro, y sus pies en parte de hierro y en parte de barro cocido. Viste, pues, hasta que una piedra fue cortada sin mano, e hirió a la imagen en los pies que eran de hierro y de barro cocido, y los destrozó. Entonces fueron desmenuzados el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro, y quedaron como tamo de la era del verano; y la fuerza del viento se los llevó, y no se encontró lugar para ellos. Y la piedra que hirió la imagen se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra".

XX-XXII

Si ponemos las visiones de Daniel al lado de esto, tendremos una exposición para dar de las dos juntas, y podremos mostrar cuán concordantes son entre sí y cuán verdaderas. Porque él habla así:

"Yo, Daniel, vi, y he aquí los cuatro vientos del cielo luchaban sobre el gran mar. Y cuatro grandes bestias subían del mar, diferentes unas de otras. El primero era como una leona y tenía alas como de águila. Miré hasta que le fueron arrancadas las alas, y fue levantado de la tierra, y se puso de pie como un hombre, y le fue dado corazón de hombre. Y he aquí una segunda bestia parecida a un oso, que estaba parada sobre un lado, y tenía tres costillas en la boca. Miré, y he aquí una bestia parecida a un leopardo, que tenía en el lomo cuatro alas de ave, y la bestia tenía cuatro cabezas. Después de esto miré, y he aquí una cuarta bestia, espantosa y terrible, y en gran manera fuerte; tenía dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y el resto hollaba con sus pies; y era diferente de todas las bestias que habían existido antes de ella, y tenía diez cuernos. Miré sus cuernos, y he aquí que surgía entre ellos otro cuerno pequeño, y delante de él estaban tres de los primeros cuernos desarraigados; y he aquí en este cuerno había ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas. Miré hasta que fueron puestos los tronos, y se sentó el anciano de días; y su vestido era blanco como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana pura; su trono era una llama de fuego, sus ruedas eran un fuego ardiente. Una corriente de fuego fluyó ante él. Mil miles de personas le servían, y diez mil veces diez mil estaban alrededor de él: se estableció el juicio y los libros fueron abiertos. Entonces miré, a causa de la voz de las grandes palabras que pronunció el cuerno, hasta que la bestia fue muerta y pereció, y su cuerpo fue entregado al fuego. Y les fue quitado el dominio a las demás bestias. Vi en visión de noche, y he aquí uno como el hijo del hombre que venía con las nubes del cielo, y vino al anciano de días, y fue hecho acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, honra y reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: Su dominio es dominio eterno, que no pasará, y su reino no será destruido".

XXIII

Como estas cosas, dichas con sentido místico, pueden parecer a algunos difíciles de entender, no guardaré nada que pueda impartir una comprensión inteligente de ellas a los que están en su sano juicio. Ya dije que "una leona subía del mar", y que con la leona se refería al reino de los babilonios en el mundo, que también era la "cabeza de oro" de la imagen. Al decir que tenía "alas como de águila", quiso decir que el rey Nabucodonosor estaba enaltecido y exaltado contra Dios. A continuación dice que "le fueron arrancadas las alas", aludiendo a que su gloria fue destruida y fue expulsado de su reino.

XXIV

Después de la leona, Daniel ve una segunda bestia parecida a un oso, término que denotaba a los persas, que adquirieron el poder soberano después de los babilonios (de ahí que Daniel aluda a "la plata después del oro"). Al decir que tenía "tres costillas en la boca", señaló a 3 naciones, a saber: los persas, los medos y los babilonios. A continuación, había Daniel de una tercera bestia, un leopardo, que significaba los griegos, cuando Alejandro de Macedonia obtuvo el poder soberano al derrotar a Darío de Persia, como también lo demuestra el bronce de la imagen. Al decir que tenía "cuatro alas de ave", nos enseñó muy claramente cómo se dividió el reino de Alejandro. Al hablar de "cuatro cabezas", mencionó 4 reyes (es decir, los que surgieron de aquel reino), porque Alejandro, al morir, dividió su reino en 4 divisiones con 4 diadocos al mando.

XXV

Cuando Daniel dice que "la cuarta bestia era espantosa y terrible, y tenía dientes de hierro y garras de bronce", ¿a quién se refiere, sino a los romanos? Se trata de un reino "con piernas de hierro", el reino que ahora está establecido. Después de esto, ¿qué queda, amados, sino los dedos de los pies de la imagen, de los cuales "una parte es de hierro y la otra parte de barro", ambos mezclados? Místicamente, por los "dedos de los pies" se refería a los reyes que se levantarán de entre ellos. Cuando Daniel consideró la bestia, vio que "tenía diez cuernos detrás de ella, entre los cuales se levantará otro cuerno, un vástago, y desarraigará los tres que estaban antes de él". Bajo esto se significa nada menos que al Anticristo, que también debe levantar el reino de los judíos. Dice que él "desarraigó tres cuernos", que son los reyes de Egipto, Libia y Etiopía, a quienes cortó en orden de batalla. Y él, después de haber adquirido un poder terrible sobre todos, siendo sin embargo un tirano, provocará tribulación y persecución contra los hombres, exaltándose contra ellos. Es lo que relata Daniel, cuando dice: "Miré el cuerno, y he aquí que aquel cuerno hacía guerra contra los santos, y prevalecía contra ellos, hasta que la bestia fue muerta y pereció, y su cuerpo fue entregado al fuego".

XXVI

Al poco tiempo "vendrá del cielo la piedra que hiere la imagen y la desmenuza, y trastorna todos los reinos, y da el reino a los santos del Altísimo" (Dn 2,34). Esta es la piedra que se convierte en un gran monte, y llena toda la tierra, de la cual Daniel dice: "Vi en visiones de la noche, y he aquí uno como el hijo del hombre venía con las nubes del cielo, y vino al anciano de días, y fue llevado delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán; y su dominio es dominio eterno, que no pasará, y su reino no será destruido" (Dn 7,13-14). Esta profecía mostró "todo el poder dado por el Padre al Hijo" (Mt 28,18), y que éste fue ordenado "Señor de las cosas que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y juez de todo" (Flp 2,10). De las cosas que están en el cielo, porque él era el Verbo de Dios antes de todos los siglos. De las cosas de la tierra, porque él se hizo hombre en medio de los hombres, para recrear por sí mismo a nuestro Adán. De las cosas debajo de la tierra, porque también "fue contado entre los muertos, predicando el evangelio a las almas de los santos" (1Pe 3,19) y venciendo a la muerte con su propia muerte.

XXVII

Como estas cosas sucederán en el futuro, y como los 10 dedos de la imagen equivalen a tantas democracias, y los 10 cuernos de la cuarta bestia están distribuidos en 10 reinos, miremos el tema un poco más de cerca y consideremos estos asuntos como a la clara luz de una reflexión personal.

XXVIII

La "cabeza de oro" de la imagen y la leona denotaban a los babilonios. Los "brazos de plata", y el oso, representaban a los persas y medos. El "vientre de bronce", y el leopardo, significaban los griegos, que tenían la soberanía desde la época de Alejandro. Las "piernas de hierro", y la "bestia espantosa y terrible", expresa a los romanos, que ostentan la soberanía en la actualidad. Los "diez cuernos" son emblemas de los reinos que aún estaban por surgir. El "cuerno pequeño que crece entre ellos" significa el Anticristo en medio de ellos. La "piedra que golpea la tierra y trae juicio sobre el mundo" fue Jesucristo.

XXIX

Estas cosas, amados, os las imparto con temor y con prontitud, por el amor de Cristo, que sobrepasa todo. Si los bienaventurados profetas que nos precedieron no eligieron proclamar estas cosas, aunque las sabían, abierta y audazmente, para no perturbar las almas de los hombres, sino que las contaron místicamente en parábolas y dichos oscuros, hablando así: "Aquí está el mente que tiene sabiduría" (Ap 17,9). ¡Cuánto mayor riesgo correremos al aventurarnos a declarar abiertamente cosas dichas por ellos en términos oscuros! Miremos, por tanto, las cosas que le sucederán a esta ramera inmunda en los últimos días, y consideremos qué y qué tipo de tribulación está destinada a visitarla en la ira de Dios antes del juicio como garantía de su destino.

XXX

Ven ahora, oh bendito Isaías. Ven, levántate y cuéntanos claramente lo que profetizaste acerca de la poderosa Babilonia. Ven, porque también hablaste tú de Jerusalén, y tu palabra se cumple, y hablaste con valentía y abiertamente. Aquí estoy, nos diría Isaías, y esto es lo que os digo:

"Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades quemadas a fuego; tu tierra, extraños la devoran en tu presencia, y queda desolada como derribada por muchos extraños. La hija de Sión quedará como cabaña en una viña, y como posada en un huerto de pepinos, como ciudad sitiada".

Oh Isaías, ¿qué dices? ¿No han sucedido ya estas cosas? ¿No se han cumplido las cosas que nos anuncias? ¿No está desolada su patria, Judea? ¿No fue el lugar santo ya quemado con fuego? ¿No están derribados sus muros? ¿No están sus ciudades destruidas? Su tierra, ¿no la devoran los extraños? ¿No gobiernan los romanos el país? Y no sólo eso, sino que los impíos nos odian, y nos han hecho pedazos, y crucificaron a Cristo. Como dice San Pablo, "estamos muertos en el mundo, pero vivos en Cristo Jesús".

XXXI

¿A quién de vosotros, oh profetas, estimaré más? Jeremías fue apedreado, y por eso es el que más estimo yo. Sin embargo, Daniel también tiene su testimonio. ¡Con cuántas bocas y lenguas os alabaría, por la Palabra que habló en vosotros! Vosotros moristeis con Cristo, y viviréis con Cristo, y todas las cosas que anunciasteis se han cumplido en su tiempo. Vosotros mismos, oh profetas, visteis estas cosas, y las proclamasteis a todas las generaciones. Administrasteis los oráculos de Dios a todas las generaciones. Vosotros, profetas, fuisteis llamados para que podáis salvar a todos. Porque entonces se es verdaderamente profeta cuando, habiendo anunciado de antemano lo que está por suceder, puede después demostrar que realmente ha sucedido. Fuisteis discípulos de un buen Maestro. Estas palabras os las dirijo como si estuvieran vivas y con propiedad: "Ya tenéis la corona de la vida y de la inmortalidad, que está guardada para vosotros en el cielo" (2Tm 4,8).

XXXII

Habla conmigo, oh bendito Daniel, y dame plena seguridad, te lo ruego. Tú profetizaste acerca de la leona, porque estabas cautivo allí. Tú desplegaste hablaste del oso, porque todavía estabas en el mundo y vistes suceder las cosas. No obstante, también me hablas del leopardo, y ¿de dónde puedes saber esto, si ya te habías ido a descansar? ¿Quién te mandó a anunciar estas cosas, sino "aquel que te formó desde el vientre de tu madre" (Jer 1,5)? Has hablado en verdad, y no en mentira, oh Daniel, porque ha surgido el leopardo, y el macho cabrío ha herido al carnero (quebrándole los cuernos y pisoteándolo con sus pies), y los 4 cuernos han salido de debajo de aquel (Dn 8,2-8). ¡Alégrate, bendito Daniel!, porque no te has equivocado, sino que todas estas cosas han sucedido.

XXXIII

Después de esto me habéis vuelto a hablar, oh profetas, de la bestia espantosa y terrible, y me decís: "Tenía dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y los restos pisoteaba con sus pies" (Dn 7,6). El hierro es aquello que todo lo gobierna y despedaza, así como somete a todos los que no quieren ser sometidos, y esto es lo que ahora vemos nosotros, y por ello veo yo que puedo glorificar a Dios, al ser instruidos por vosotros.

XXXIV

Como la tarea que tengo por delante es hablar de la ramera, ven conmigo, oh bendito Isaías, y señalemos lo que tú dices sobre Babilonia. Desciende, siéntate en tierra, oh virgen de Babilonia; siéntate, oh hija de los caldeos, que ya no te llamarán "tierna y delicada". Toma la piedra del molino, muele la harina, quita el velo, afeita las canas, desnuda las piernas, pasa sobre los ríos. Tu vergüenza será descubierta, tu oprobio será visto. Tomaré de ti la justicia, no te entregaré más a los hombres. En cuanto a tu Redentor, oh ramera, él es el Señor de los ejércitos, el Santo de Israel. Siéntate en compunción, métete en las tinieblas, oh hija de los caldeos, y ten por seguro que ya no serás llamada "fortaleza del reino".

XXXV

Sobre esta ramera, nos sigue diciendo el profeta Daniel lo siguiente:

"Ha profanado mi heredad, y por eso la he entregado en tu mano, y no le he mostrado misericordia, pues sobre los ancianos ha puesto un yugo muy pesado. Tú dijiste: Seré princesa para siempre, pues yo soy y no hay nadie más. No obstante, no pusiste estas cosas en tu corazón, ni te acordaste de tu último fin. Por tanto, oye ahora esto, tú que eres delicada: Yo soy, y no hay más".

Estas dos cosas,  oh ramera, te sobrevendrán en un día: la viudez y la pérdida de los hijos. Te sobrevendrán de repente en tus hechicerías, en la fuerza de tus hechizos poderosamente, en la esperanza de tu fornicación. ¿Por qué? Por esto mismo: porque has dicho "yo soy, y no hay nadie más". Tu fornicación será tu vergüenza, porque dijiste en tu corazón "yo soy". Y vendrá sobre ti destrucción, y tú no lo sabrás. Habrá un hoyo, y tú lo llenarás. Caerá sobre ti la miseria, y no podrás ser limpia. Vendrá sobre ti la destrucción, y no lo sabrás. Levántate ahora con tus encantamientos, y con la multitud de tus hechicerías, que has aprendido desde tu juventud; Si es así, podrás sacar provecho. ¿Estás cansado de tus consejos, oh ramera? Pues bien, que tus astrólogos se levanten y te salven. Y si no, deja que los observadores de estrellas te anuncien lo que te sobrevendrá. No obstante, todos serán como palos para el fuego, que serán quemados, y no librarán su alma de la llama. Como tienes brasas encendidas, oh ramera, siéntate sobre ellas, y que ellas sean tu ayuda. ¿Estás cansada del cambio de tu juventud? ¿Te has extraviado? Sí, "el hombre se ha extraviado, cada uno por sí mismo, y no habrá salvación para vosotros" (Is 47,1-15). Estas cosas os profetiza Isaías.

D
Intervención del Anticristo, según el Nuevo Testamento

XXXVI

Veamos ahora si, en el Nuevo Testamento, Juan ha hablado en el mismo sentido. Para empezar, Juan ve, cuando está en la isla de Patmos, una revelación de terribles misterios, que relata libremente y da a conocer a otros. Dime, bendito Juan, apóstol y discípulo del Señor, ¿qué viste y oíste acerca de Babilonia? Esto mismo, me diría Juan:

"Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciéndome: Ven acá; Os mostraré el juicio de la gran ramera que se sienta sobre muchas aguas; con quien los reyes de la tierra han fornicado, y los habitantes de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Me llevó en espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano una copa de oro, llena de las abominaciones y de las inmundicias de la fornicación de la tierra. En su frente estaba escrito un nombre: Misterio, Babilonia la Grande, Madre de las Rameras y Abominación de la Tierra. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús: y cuando la vi, quedé maravillado con gran admiración. Y el ángel me dijo: ¿Por qué te maravillas? Yo os contaré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos. La bestia que viste era y no es; y subirán del abismo, e irán a la perdición; y se maravillarán los moradores de la tierra (cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida desde la fundación del mundo) cuando vean la bestia que era, y no lo es, y sin embargo lo será".

XXXVIII

Aquí está la mente que tiene sabiduría. Las "siete cabezas" son 7 montañas sobre las cuales se sientan 7 reyes. De ellos, 5 reyes han caído ya, 1 rey está ahora, y 1 rey aún no ha venido. Cuando venga, deberá continuar un breve espacio. La bestia, que era y que no es, será la que venga después, y lleva a todos a la perdición. Los "diez cuernos" son 10 reyes que aún no han recibido reino, pero recibirán poder en la hora de la bestia. Estos tendrán una sola intención, y darán su poder y fuerza a la bestia. Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, escogidos y fieles.

XXXIX

Las aguas donde se sienta la ramera son pueblos y multitudes, naciones y lenguas. Los 10 cuernos, y la bestia, aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda, y comerán su carne, y la quemarán en el fuego. Lo harán porque Dios ha puesto en sus corazones el que se pongan de acuerdo, y entregar su reino a la bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. La mujer es aquella gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra.

XL

Nos sigue diciendo Juan lo siguiente:

"Después de estas cosas vi otro ángel descender del cielo, con gran poder; y la tierra fue iluminada con su gloria. Y clamó con fuerte voz, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino de la ira de su fornicación, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la abundancia de sus delicadezas. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados se han pegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de ella".

XLI

Oh hombre, premia a esta Babilonia de la misma forma que ella te recompensó, y dobla a ella el doble, según sus obras. En la copa que ella ha llenado, llena tú a ella el doble. En cuánto se ha glorificado, y ha vivido en delicias, dale tú tanto tormento y dolor. Sobre todo porque ella dice en su corazón: Estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré dolor. Por ello, en un mismo día vendrán sus plagas, su llanto y hambre, y será completamente quemada en el fuego, porque fuerte es el Dios que la juzga. Los reyes de la tierra, que fornicaron y con ella convivieron en deleites, lamentarán y se lamentarán por ella, cuando vean el humo de su incendio, estando a lo lejos por temor de su tormento y diciendo: ¡Ay, pobre de mí! ¡Esa gran ciudad Babilonia, esa ciudad poderosa! Y los mercaderes de la tierra también llorarán y se lamentarán por ella, porque ya nadie comprará sus mercancías. Las mercancías de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda y de escarlata, y de toda tu madera, y de toda clase de objetos de marfil, y de toda clase de objetos de madera preciosísima, y de bronce, de hierro, de mármol, de canela, de especias, de aromas, de ungüentos, de incienso, de vino, de aceite, de flor de harina, de trigo, de animales, de ovejas, de cabras y de caballos, y carros, y cuerpos y almas de hombres... y todos los frutos que tu alma codiciaba, se han apartado de ti, y todas las cosas que eran delicadas y buenas han perecido para ti, y no las encontrarás más. Los mercaderes de estas cosas, que la ramera enriqueció, se quedarán lejos por temor de su tormento, llorando, lamentándose y diciendo: ¡Ay, ay! ¡Aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, púrpura y escarlata, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas! En una hora, tantas riquezas se habrán desvanecido. Y todos los capitanes, y toda la tripulación de los barcos, y los marineros, y todos los que comerciaban en el mar, se pararán a distancia y, al ver el humo de su incendio, gritarán diciendo: ¿Qué ciudad es como esta gran ciudad? Y se echarán polvo sobre la cabeza, y gritarán, llorando, lamentándose y diciendo: ¡Ay, ay! ¡Aquella gran ciudad, donde se enriquecieron todos los que tenían barcos en el mar a causa de su gordura! porque en una hora quedó desolada. Alegraos sobre ella, cielos, ángeles, apóstoles y profetas, porque Dios se ha vengado de Babilonia. 

XLII

Nos sigue diciendo Juan lo siguiente:

"Un ángel fuerte tomó una piedra como una gran piedra de molino y la arrojó en el mar, diciendo: Así con violencia será derribada aquella gran ciudad de Babilonia, y nunca más será hallada. Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompetas, no se oirá más en vosotros; y ningún artesano, cualquiera que sea su oficio, se encontrará más en vosotros; y nunca más se oirá en ti sonido de piedra de molino; y la luz de una vela no alumbrará más en ti; y la voz del novio y de la novia nunca más se oirá en ti; porque tus mercaderes eran los grandes hombres de la tierra; porque por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. Y en ella se encontró la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que fueron muertos en la tierra".

XLIII

Respecto al juicio particular en los tormentos, que sobrevendrán en los últimos tiempos por mano de los tiranos que entonces se levantarán, la declaración más clara se ha dado en estos pasajes. Con todo, nos corresponde a nosotros examinar y exponer más diligentemente el período en el cual sucederán estas cosas, y cómo surgirá el cuerno pequeño en medio de ellas. Cuando las "piernas de hierro" hayan salido en los pies y en los dedos de los pies, conforme a la semejanza de la imagen y de la terrible bestia, como se ha descrito antes, entonces será el tiempo en que el hierro y el barro cocido estarán mezclados. Daniel nos expondrá este tema, cuando dice: "Una semana haré pacto con muchos, y será que a la mitad de la semana cesará mi sacrificio y mi oblación" (Dn 9,27). Por "una semana" se refería a la última semana del mundo entero, de la cual los profetas Enoc y Elías ocuparán la mitad, predicando 1.260 días vestidos de cilicio y proclamando el arrepentimiento al pueblo y a todas las naciones.

XLIV

Como en las Escrituras se indican dos advenimientos de nuestro Señor y Salvador, siendo uno su primer advenimiento en la carne, que tuvo lugar sin honor por ser menospreciado, como Isaías habló de él antes, diciendo: "Lo vimos, y no tenía forma ni hermosura, sino que su forma era despreciada y rechazada sobre todos los hombres; un hombre herido y acostumbrado a soportar enfermedades, porque su rostro estaba vuelto. Fue despreciado y no estimado" (Is 53,2-5). La segunda venida del Salvador se anuncia gloriosa, cuando vendrá del cielo con el ejército de los ángeles y la gloria de su Padre, como dice el profeta: "Veréis al rey en gloria" (Is 33,17), y: "Vi a uno semejante al hijo del hombre que venía con las nubes del cielo, y era llevado al anciano de días. A él le fueron dados dominio, honra, gloria y reino; todas las tribus y lenguas le servirán. Su dominio es dominio eterno, que no pasará". También se señalaron dos precursores. El primero fue Juan el Bautista, que apareció como precursor y heraldo de nuestro Salvador, predicando la luz celestial que había aparecido en el mundo. Él cumplió la acción del precursor, y la del vientre de su madre, siendo concebido por Isabel para que también a los que son hijos del vientre de su madre les anunciara el nuevo nacimiento que había de tener lugar por el Espíritu Santo y la Virgen.

XLV

Juan el Bautista, al oír el saludo dirigido a Isabel, "saltó de alegría en el seno de su madre", reconociendo a Dios, Verbo concebido en el seno de la Virgen. Después de eso, "salió a predicar en el desierto", proclamando el bautismo de arrepentimiento al pueblo y anunciando proféticamente la salvación a las naciones que vivían en el desierto del mundo. Después de esto, en el Jordán, viendo con sus propios ojos al Salvador, lo señaló y dijo: "He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". También predicó por primera vez a los del hades, siendo allí un precursor cuando Herodes lo mató, para insinuar allí también que el Salvador descendería para rescatar las almas de los santos de la mano de la muerte.

XLVI

Siendo el Salvador el principio de la resurrección de todos los hombres, convenía que sólo el Señor resucitase de entre los muertos, por quien también ha de entrar el juicio para el mundo entero, para que los que hayan luchado dignamente sean también coronado dignamente por él, por el ilustre Árbitro que fue el primero en cumplir la carrera, y fue recibido en los cielos, y fue puesto a la diestra de Dios Padre, y ha de manifestarse nuevamente al final del mundo como juez. Es natural que sus precursores deben aparecer primero, como recuerda el ángel a Malaquías al decir: "Os enviaré a Elías el Tesbita, antes que venga el día del Señor, el día grande y notable. Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la sabiduría de los justos, para que no venga yo y hiera la tierra por completo". Éstos, entonces, vendrán y proclamarán la manifestación de Cristo que habrá de ser del cielo. Y también harán señales y prodigios, para que los hombres sean avergonzados y se arrepientan por su extraordinaria maldad e impiedad.

XLVII

Cuando Juan dice "daré poder a mis dos testigos, y profetizarán por 1.260 días, vestidos de cilicio", alude a la mitad de la semana de la que habló Daniel. Estos son los "dos olivos" y los "dos candelabros" que están delante del Señor de la tierra. Si alguno quiere hacerles daño, de su boca saldrá fuego que devorará a sus enemigos. Si alguno quiere hacerles daño, debe ser asesinado de esta manera. Estos tienen poder para "cerrar el cielo" (para que no llueva en los días de su profecía), tienen poder "sobre las aguas" (para convertirlas en sangre), y tienen poder para "herir la tierra" (con todas las plagas cuantas veces quieran). Cuando haya terminado su carrera y su testimonio, ¿qué dirá el profeta? Esto mismo: que "la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará, porque no darán gloria al Anticristo". Esto se refiere al cuerno pequeño, que crece, se exalta de corazón, comienza a  glorificarse como Dios, persigue a los santos y blasfema contra Cristo, como bien dice Daniel: "Consideré el cuerno, y vi que en el cuerno había ojos como los ojos de hombre, y boca que habla grandes cosas; y abrió su boca para blasfemar contra Dios. Y el nacido hizo guerra contra los santos, y prevaleció contra ellos hasta que la bestia fue muerta y pereció, y su cuerpo fue entregado para ser quemado".

XLVIII

Como me corresponde discutir más exactamente este asunto de la bestia, y cómo el Espíritu Santo ha indicado su nombre mediante un número, procederé a exponer más claramente lo que atañe a a ella. Sobre esto, Juan dice lo siguiente:

"Vi otra bestia que subía de la tierra, que tenía dos cuernos como los de un cordero, y hablaba como un dragón. La segunda bestia ejerció todo el poder de la primera bestia, y lo hizo delante de ella. Hizo que la tierra y los que en ella habitan adoraran a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. Hizo grandes milagros, de modo que hizo descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres, y engaña a los moradores de la tierra con los milagros que tenía poder para hacer delante de la bestia. diciendo a los moradores de la tierra que le hicieran una imagen a la bestia que tenía la herida de espada y vivió. Tenía poder para dar vida a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia hablara, y para hacer que todos los que no adoraran la imagen de la bestia fueran muertos. Hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, recibieran una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pudiera comprar ni vender, sino el que tuviera la marca (el nombre de la bestia, o el número de su nombre). Aquí está la sabiduría, y el que tenga entendimiento, que cuente el número de la bestia, porque su número es seiscientos sesenta y seis".

XLIX

Por la "bestia que sube de la tierra" se entiende el reino del Anticristo. Por los "dos cuernos" se entiende al Anticristo y al falso profeta después de él. Al decir que los cuernos son "como los de un cordero", Juan quiere decir que la bestia se querrá hacer como el Hijo de Dios, y se presentará como rey. La expresión "habló como un dragón" significa que la bestia es engañadora y no veraz. Las frases "ejerció todo el poder de la primera bestia, delante de ella", e "hizo que la tierra, y los que en ella moraban, adoraran a la primera bestia", cuya herida mortal "fue sanada", significan que, según la ley de Augusto, por quien fue establecido el Imperio de Roma, él también gobernará y gobernará, sancionando todo por él y tomando mayor gloria para sí. Ésta es la cuarta bestia, cuya cabeza fue herida, partida y dividida en 4 coronas. Entonces el Anticristo, con habilidad, sanará dicha cabeza, y restaurará a la bestia. Esto es lo que quiere decir el profeta antiguo, cuando dice: "Él dará vida a la imagen, y la imagen de la bestia hablará". Entonces volverá a actuar con vigor, y se demostrará fuerte en razón de las leyes establecidas por él; y hará morir a todos los que no adoren la imagen de la bestia. Aquí se manifestará la fe y la paciencia de los santos, porque dice: "Hará que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, reciban una marca en la mano derecha o en la frente, para que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre". En efecto, llena de astucia, y exaltándose contra los siervos de Dios, con el deseo de afligirlos y perseguirlos fuera del mundo (porque no le dan gloria), la bestia ordenará que todos coloquen incensarios. en todas partes, para que ningún hombre entre los santos pueda comprar o vender sin primero sacrificar. Esto es lo que significa la "marca recibida en la mano derecha". La expresión "en sus frentes" indica que todos estarán coronados, y revestidos de una corona de fuego y de muerte. Efectivamente, ésta fue la manera en que Antíoco Epífanes, rey de Siria, descendiente de Alejandro de Macedonia, ideó medidas contra los judíos. También él, en la exaltación de su corazón, emitió un decreto en aquellos tiempos, que todos debían levantar santuarios ante sus puertas, y sacrificar, y que debían marchar en procesión en honor de Dioniso, ondeando coronas de hiedra; y que aquellos que se negaran a obedecer deberían ser ejecutados mediante estrangulamiento y tortura. Pero también encontró su debida recompensa de la mano del Señor, el juez justo y Dios que todo lo escudriña; porque murió comido de gusanos. Y si uno desea investigar esto con mayor precisión, lo encontrará registrado en los libros I y II de Macabeos.

E
Batalla entre el Anticristo y la Iglesia

L

Ahora hablaré de lo que tiene el Anticristo por delante. Sobre todo, a la hora de idear medidas para afligir a los santos en todos los sentidos. Para empezar, el apóstol dice: "El que tiene entendimiento, que cuente el número de la bestia, porque su número es 666". Respecto a su nombre, no está en nuestras manos explicarlo exactamente, pues tampoco lo entendió, ni fue instruido al respecto, el bienaventurado Juan, sino que tan sólo dio cuenta conjetural de él (para que, cuando él aparezca, sepamos lo que buscamos saber). Como ya he dicho, la herida de la primera bestia fue sanada, y la segunda bestia debía hacer hablar la imagen (es decir, debía ser poderoso), y es manifiesto a todos que, los que hoy todavía ostentan el poder, son latinos. Si tomamos el nombre, por tanto, como nombre de una sola persona, ésta se convierte en Latino. Con todo, no debemos dar esto por zanjado, ni que ése fuese el nombre de la bestia, ni que pudiese tener otro nombre. Es más, teniendo el misterio de Dios en nuestro corazón, debemos temer guardar fielmente lo que nos ha dicho Juan, para que cuando surja esta bestia estemos preparados contra ella y no seamos engañados. Cuando avancen los tiempos, también se manifestará aquel de quien se dice esto.

LI

Para no limitarme sólo a estas palabras y argumentos, y con el fin de convencer a los que aman estudiar los oráculos de Dios, demostraré el asunto con muchas otras pruebas. Daniel dice: "Éstos escaparán de su mano: Edom y Moab, y los principales de los hijos de Amón. Amón y Moab son los hijos que le nacieron a Lot sus hijas, y su raza sobrevive incluso ahora". Por su parte, Isaías dice: "Volarán en barcas de extraños, saqueando juntos el mar, y despojarán a los del oriente; y echarán manos sobre Moab primero; y los hijos de Amón serán los primeros en obedecerles".

LII

En aquellos tiempos, pues, se levantará el Anticristo, y declarará la guerra, y cuando haya vencido a 3 de los 10 cuernos (en el orden de guerra), y los haya desarraigado (a saber, a Egipto, Libia y Etiopía), y haya tomado sus despojos y arreos, y haya traído los cuernos restantes que sufren en sujeción, comenzará a enaltecerse de corazón y a exaltarse contra Dios como amo del mundo entero. Su primera expedición será contra Tiro y Beirut, y el territorio circundante. Al tomar por asalto estas ciudades, infundirá terror en las demás, como dice Isaías: "Avergüénzate, Sidón; el mar ha hablado, aun la fuerza del mar ha hablado, diciendo: No estuve de parto, ni di a luz hijos; ni crié jóvenes, ni crié vírgenes. Pero cuando la noticia llegue a Egipto, el dolor se apoderará de ellos por Tiro".

LIII

Estas cosas sucederán en el futuro, y cuando le sean cortados los 3 cuernos comenzará a mostrarse como Dios, como ya dijo Ezequiel ("se ha enaltecido tu corazón, y has dicho: Yo soy Dios"), Isaías ("has dicho en tu corazón: Subiré al cielo, exaltaré mi trono sobre las estrellas del cielo: seré semejante al Altísimo. Sin embargo, ahora serás llevada al hades, a los cimientos de la tierra") y Ezequiel dice ("¿aún dirás: Yo soy Dios? Pero tú serás un hombre y no un Dios").

LIV

Como la tribu del Anticristo, y su manifestación y destrucción, han sido expuestas ya, y como su nombre también ha sido indicado místicamente, miraré ahora a su acción. Para empezar, el Anticristo reunirá a todo el pueblo de cada país de dispersión, haciéndolos suyos como si fueran sus propios hijos, y prometiendo restaurar su país y establecer nuevamente su reino y nación, para que puede ser adorado por ellos como Dios, como dice el profeta: "Reunirá todo su reino, desde la salida del sol hasta su puesta. Los que convoca y los que no convoca marcharán con él". También Jeremías habla así de él en una parábola: "La perdiz lloró, y recogió lo que no eclosionó, haciéndose rico sin juicio: en medio de sus días lo dejarán, y al final será un necio".

LV

No será perjudicial si explico el arte del Anticristo, y muestro que el profeta no ha hablado sin un propósito al usar la similitud de la criatura. Porque así como la perdiz es una criatura vanagloria, cuando ve cerca el nido de otra perdiz con crías en él, y con el pájaro padre volando en busca de alimento, imita el grito de la otra ave y llama a los jóvenes a sí mismo; y ellos, tomándolo por su propio padre, corren hacia él. Y se deleita con orgullo en las pollitas alienígenas como en las suyas propias. Cuando el verdadero padre-pájaro regresa y los llama con su propio grito familiar, los jóvenes lo reconocen, abandonan al engañador y se dirigen al verdadero Padre. Esto es lo que el profeta ha adoptado como símil, aplicándolo de manera similar al Anticristo. Porque atraerá a la humanidad hacia sí, deseando apoderarse de los que no son suyos y prometiendo liberación a todos, mientras él no puede salvarse a sí mismo.

LVI

El Anticristo, entonces, habiendo reunido consigo a los incrédulos de todas partes del mundo, los lanza a perseguir a los santos, sus enemigos y antagonistas, como recuerda el propio Jesús al decir:

"Había en una ciudad un juez que no temía a Dios, ninguno miraba a hombre; y había en aquella ciudad una viuda, que vino a él, diciendo: Véngame de mi adversario. El juez no quiso por algún tiempo, pero después dijo dentro de sí: Aunque no temo a Dios, ni respeto al hombre, esta viuda me es molesta y por eso la vengaré".

LVII

Por "juez injusto, que no teme a Dios ni mira al hombre", se refiere Jesús al Anticristo, por ser hijo del diablo y vaso de Satanás. Porque cuando tenga poder, comenzará a exaltarse contra Dios, sin temer en verdad a Dios, ni respecto del Hijo de Dios, que es el juez de todos. Al decir que "había una viuda en la ciudad", se refiere a la misma Jerusalén, que es verdaderamente viuda, abandonada por su perfecto y celestial esposo (Dios). Ella lo llama su adversario y no su Salvador; porque no entiende lo que dijo el profeta Jeremías ("por cuanto no obedecieron a la verdad, un espíritu de error hablará entonces a este pueblo y a Jerusalén") ni Isaías ("por cuanto el pueblo rehúsa beber el agua de Siloé que corre suavemente, sino que elige tener por rey sobre vosotros a Rasin y al hijo de Romelía, el Señor hace subir sobre vosotros el agua del río, fuerte y lleno, incluso el rey de Asiria"). Por rey se refiere aquí metafóricamente Isaías al Anticristo, como también dice otro profeta: Y este hombre será mi paz, cuando "Asiria suba a vuestra tierra y abaje vuestras montañas".

LVIII

Moisés, sabiendo de antemano que el pueblo rechazaría y repudiaría al verdadero Salvador del mundo, y participaría con error, y elegiría un rey terrenal, y despreciaría al Rey celestial, dice: "¿No está esto guardado conmigo, y sellado entre mis tesoros? En el día de la venganza les daré el pago, y en el tiempo en que resbale su pie". Por tanto, se desviaron en todo, ya que en nada se encontraban en armonía con la verdad, ni en lo que respecta a la ley (porque se hicieron transgresores), ni en cuanto a los profetas (porque cortaron hasta a los mismos profetas), ni en cuanto a los evangelios (porque crucificaron al mismo Salvador), ni en cuanto a creer a los apóstoles (porque los perseguían). En todo tiempo se mostraron enemigos y traidores de la verdad, y resultaron ser aborrecedores de Dios, y no amadores de él. Tales serán entonces, cuando encuentren la oportunidad. Levantándose contra los siervos de Dios, buscarán obtener venganza por mano de un hombre mortal. Entonces el Anticristo, envanecido de orgullo por su servilismo, comenzará a enviar misivas contra los santos, mandando exterminarlos a todos por todas partes, a causa de su negativa a reverenciarlo y adorarlo como a Dios, según la palabra de Isaías:

"¡Ay de las alas de los barcos de la tierra, más allá de los ríos de Etiopía! Ay de aquel que envía fianzas por el mar y cartas de papiro sobre el agua; porque ágiles mensajeros irán a una nación ansiosa y expectante, y un pueblo extraño y amargo contra ellos; una nación sin esperanza y pisoteada".

LIX

Alguno preguntará: ¿Y qué tiene que ver esta profecía aquí? Y yo le respondo: Que los incrédulos nos persiguen y pisotean, porque nosotros esperamos al Hijo de Dios. En efecto, en esta profecía de Isaías, las "alas de los barcos" son las iglesias, el mar es el mundoen el que está asentada la Iglesia como un barco arrojado a lo profundo, pero no destruido porque tiene consigo al hábil piloto: Jesucristo (que lleva consigo, en medio de ella, el trofeo que se erige sobre la muerte: la cruz). Su proa es el Oriente, su popa es el Occidente, su bodega es el sur, sus timoneles son los dos testamentos. Las cuerdas que la rodean son el amor de Cristo (que une a la Iglesia), la red que lleva consigo es la capa de la regeneración que renueva a los creyentes (de donde también provienen estas glorias). Como el viento, el Espíritu Santo está presente en ella, y por él son sellados los que creen. También tiene dicha Iglesia las "anclas de hierro", que son los mandamientos de Cristo, fuertes como el hierro. Tiene también "marineros a derecha y a izquierda", que son los asesores angélicos, por quienes la Iglesia es siempre gobernada y defendida. La "escalera que conduce al astillero" es la pasión de Cristo (que lleva a los fieles a la ascensión al cielo), y las "gavias en alto, en la verja" son la compañía de los profetas, mártires y apóstoles, que han entrado en su reposo en el reino de Cristo.

LX

Acerca de la tribulación de la persecución que ha de caer sobre la Iglesia, por parte del Anticristo, también Juan habla así:

"Vi en el cielo una señal grande y maravillosa; una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Ella, estando encinta, llora, con dolores de parto y dolor por el parto. El dragón se paró delante de la mujer que estaba lista para dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, que ha de gobernar a todas las naciones; y el niño fue arrebatado para Dios y para su trono. La mujer huyó al desierto, donde tiene el lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten mil doscientos sesenta días días. Cuando el dragón lo vio, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. A la mujer le fueron dadas dos alas de la gran águila, para que volara al desierto, donde será alimentada por un tiempo, y tiempos, y medio tiempo, de la faz de la serpiente. La serpiente arrojó de su boca agua como un diluvio detrás de la mujer, para hacerla ser arrastrada por el diluvio. La tierra ayudó a la mujer, y abrió su boca, y tragó el diluvio que el dragón yeso fuera de su boca. El dragón se enojó contra la mujer, y fue a hacer guerra contra los santos de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús".

LXI

Por la "mujer vestida de sol" se refería Juan a la Iglesia, dotada de la palabra del Padre, cuyo brillo está por encima del sol. Por la expresión "la luna bajo sus pies" se refirió a que la Iglesia estaba adornada, como la luna, con la gloria celestial. La frase "sobre su cabeza tenía una corona de doce estrellas" se refiere a los 12 apóstoles por quienes fue fundada la Iglesia. Sobre que ella, "estando encinta, sufre los dolores de parto", esto significa que la Iglesia no dejará de llevar de su corazón la Palabra que es perseguida por los incrédulos en el mundo. Cuando Juan dice que ella "dio a luz un hijo varón, que gobernará a todas las naciones", lo que quiere decir es que la Iglesia, siempre dando a luz a Cristo, el perfecto hijo varón de Dios, y el Dios y hombre, se convierte en instructora de todas las naciones. Las palabras de que "su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono" significan que el que nace siempre de ella está destinado a ser un rey celestial, y no terrenal; como también lo declaró David en la antigüedad, cuando dijo: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies". Cuando se dice que "el dragón persiguió a la mujer que había dado a luz", también se dice que "a la mujer le fueron dadas dos alas de la gran águila, para que volara al desierto, donde será alimentada por un tiempo, y tiempos, y medio tiempo, de la faz de la serpiente". Esto se refiere a los 1.260 días (la mitad de la semana) durante los cuales el Anticristo reinará y perseguirá a la Iglesia, y a que la Iglesia huirá de ciudad en ciudad, y buscará carne escondida en el desierto y entre las montañas, ni otra defensa que las dos alas de la gran águila (es decir, la fe de Jesucristo, que extendió sus santas manos sobre el madero), que desplegó sus dos alas a derecha e izquierda (es decir, que llamó hacia sí a todos los que creyeron en él, y "los cubrió como la gallina a sus polluelos"). A este respecto, dice Malaquías: "A vosotros, que teméis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia con sanidad en sus alas".

LXII

En este punto de la persecución, dice el propio Jesús el Señor: "Cuando veáis que la abominación desoladora ha llegado al lugar santo, que los que estén en Judea huyan a los montes, que el que esté en los terrados no baje a tomar su ropa, que el que esté en el campo no vuelva a tomar algo de su casa. ¡Y ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo. Y a menos que esos días fueran acortados, nadie debería salvarse". Por su parte, Daniel dice: "Habrá una abominación desoladora por mil doscientos noventa días, y bienaventurado el que aguanta y llega a los mil doscientos noventa y cinco días".

F
Venida de Cristo, y derrota del Anticristo

LXIII

El bienaventurado apóstol Pablo, escribiendo a los tesalonicenses, dice:

"Acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo, y de nuestra reunión en ella, no desmayéis pronto, ni os turbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por cartas como de parte nuestra, como que el día del Señor está cerca. Que nadie os engañe en ninguna manera, porque ese día no vendrá si no viene primero la apostasía, y se revela aquel hombre de pecado, el hijo de perdición, que se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios, o es objeto de culto, de modo que se sienta en el templo de Dios, mostrándose como Dios. ¿No os acordáis que cuando aún estaba con vosotros os dije estas cosas? Y ahora sabéis lo que detiene, para que sea revelado a su tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya obra; sólo el que ahora dejará hasta que sea quitado del camino. Y entonces se revelará aquel impío, a quien el Señor Jesús consumirá con el Espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida a aquel cuya venida es por obra de Satanás, con todo poder y señales, y prodigios mentirosos, y con todo engaño de injusticia en los que perecen; porque no recibieron el amor de la verdad. Y por esto Dios les enviará un fuerte engaño, para que crean la mentira, para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. Y Isaías dice: Que el impío sea destruido, para que no vea la gloria del Señor".

Sucediéndose estas cosas, y siendo dividida la semana en dos partes, y manifestándose entonces la abominación desoladora, y habiendo acabado su carrera los dos profetas y precursores del Señor, y el mundo entero acercándose finalmente a la consumación, ¿qué queda sino la venida del cielo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien hemos esperado con esperanza? ¿Quién traerá la conflagración y el juicio justo sobre todos los que se han negado a creer en él?

LXIV

Llegados a este punto, es el propio Jesús quien dice:

"Cuando estas cosas comiencen a suceder, entonces levantad los ojos y levantad la cabeza; porque tu redención se acerca. Y ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Porque como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Porque dondequiera que esté el cadáver, allí se reunirán las águilas".

Entonces "el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos del cielo". También David, al anunciar proféticamente el juicio y la venida del Señor, dice: "Desde el fin del cielo es su salida, y su recorrido hasta el fin del cielo, y nadie se esconde de su calor. Por calor se refiere a la conflagración". De igual manera, Isaías habla así: "Ven, pueblo mío, entra en tu cámara, y cierra tu puerta; escóndete como por un breve momento, hasta que pase la ira del Señor". Por su parte, Pablo dice lo siguiente: "La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que retienen con injusticia la verdad de Dios".

LXV

Acerca de la resurrección y juicio final, Daniel dice: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se levantarán, algunos para vida eterna, y otros para vergüenza y desprecio eterno". Isaías dice: "Los muertos se levantarán, y los que están en sus sepulcros despertarán; porque el rocío de ti les es curativo". El Señor dice: "Muchos en aquel día oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán". El profeta dice: "Despertad, los que dormís, y levántate de entre los muertos, y Cristo os alumbrará". Juan dice: "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; sobre los tales la muerte segunda no tiene poder. Porque la muerte segunda es el lago de fuego que arde".

Respecto al premio a los santos y al castigo a los impíos, el Señor dice: "Entonces los justos brillarán como el sol brilla en su gloria. Y a los santos dirá: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Y vosotros, malditos, apartaos de mí e id al fuego eterno preparado por el Padre para el diablo y sus ángeles". Por su parte, Juan dice: "Los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que hace y ama la mentira, tendrá parte en el infierno de fuego. De la misma manera también habla Isaías, cuando dice: "Saldrán y verán los cadáveres de los hombres que se han rebelado contra mí. Y su gusano no morirá, ni su fuego se apagará; y serán para espectáculo a toda carne".

LXVI

Respecto a la resurrección de los justos, Pablo dice esto a los tesalonicenses: "No quiero que ignoréis lo que sucederá a los que duermen, para que no os entristezcáis como los que no tienen esperanza. Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá consigo a los que durmieron en Jesús. Por eso os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros, los que vivimos y quedamos hasta la venida del Señor, no se lo impediremos a los que duermen. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz y trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Entonces nosotros los que vivimos y quedamos seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor".

LXVII

Estas cosas te he expuesto brevemente, oh Teófilo, sacándolas de la misma Escritura, para que, manteniendo en la fe lo que está escrito, y anticipando lo que ha de suceder, todos vosotros os mantengáis libres de ofensas tanto hacia Dios como hacia los hombres, esperando la bienaventurada esperanza y manifestación de nuestro Salvador, cuando, habiendo resucitado entre nosotros a los santos, se regocijará con ellos, glorificando al Padre.

.

.
Traducido por
Manuel Arnaldos, ed. EJC, Molina de Segura 2024

ver más autores y libros aquí

 Act: 17/06/24    @escritores de iglesia       E N C I C L O P E D I A    M E R C A B A    M U R C I A 
.

 

.